Podría decirse que no es de aquí ni de allá, porqué pasó décadas viviendo en España. De tanto en tanto volvía a Buenos Aires, ciudad a la que nunca dejó de amar y finalmente hoy parece haberse reencontrado con el país donde nació.
Miguel Angel Solá es pura pasión. Aún cuando hoy camine más lento, con la ayuda de un bastón, recuperándose de un accidente cerebrovascular que tuvo en octubre pasado y le dejó algunas secuelas.
Recorrer la historia profesional de Solá es como ingresar en un laberinto de enormes trabajos, como el salto a la fama a mediados de los setenta, cuando protagonizó la obra Equus.
Otros recordarán sus últimas películas como El último traje y Crímenes de familia, también las temporadas teatrales con Blanca Oteyza, madre de sus hijas María y Cayetana. Hace unos meses que viene haciendo una exitosa gira presentando la obra Por el placer de volver a verla, junto a Mercedes Funes, que ahora llegó al Paseo La Plaza de viernes a domingos.
A los 76 años, también es padre de Adriana, su hija menor que tuvo con su anterior pareja, Paula Cancio, y actualmente convive con Fátima, una joven diseñadora de vestuario y pintora, casi cincuenta años menor.
-¿Cómo sentís que estás recorriendo tu vida?
-Y ahora caminando muy mal, acá me ves con el bastón, pero eso es producto de un ACV. Estoy peleando con eso, haciendo rehabilitación, fonoaudiología porque me afectó todo el lado izquierdo en el sentido de la fuerza. Pero después estoy bastante bien psíquicamente con lo cotidiano, aunque tengo que ponerle mucha voluntad. Es algo muy raro en mí porque yo he sido siempre puro instinto y fuerza natural. (Hace un silencio) Pero estoy como con una casa tomada. Como si hubiese un inquilino ahí que me está diciendo todo el tiempo qué es lo que tengo que hacer.
-¿Y qué sentís con eso que está ahí adentro y que te dice qué hay que hacer? ¿Cómo es ese diálogo?
-Me molesta un poquito. Porque no atiendo consejos ni de la gente que me ama. Mirá si voy a prestar atención a un inquilino al que deseo desalojar en cuanto pueda. Es un okupa, que lo único que hace es cobrarme por estar ahí. ¡No quiero que esté ahí! Me hace doler un poco la vida, me hace cruzar palabras en el cerebro en el momento menos pensado, en el que tengo que hablar de otra manera. Este señor me daña un poco, ¿no? Entonces corre el riesgo de humillarme. No me gusta, no soy esclavo de nadie.
Miguel Angel Sola, en Equus.
-Me quedo pensando un poco en la manera en cómo vos definís esto que te pasó y tu sentir. Es como si fuese alguien que no sos vos, como si algo habitara en vos.
-Y vive con un nombre que es el mío y me dice qué hacer. Es horrible, pero hay quienes te dicen que tenés que habituarte, hacerte amigo. No puedo hacerme amigo de quien quiero echar de mi vida.
-¿Será quizás que falta aceptación de esta circunstancia, de poder entender que es por un tiempo y seguramente vas a estar mejor?
-Puede ser, por supuesto. La gente me dice que necesito esperar por lo menos un año. Yo pienso en los próximos cinco minutos y me vuelvo loco. No puedo pensar a un año porque pienso: ¿y si todo falla y no me puedo rehabilitar y tengo que seguir así trabajando con bastón? También es muy jodido el personaje éste. Pero yo no dejo de pensar que es parte de ese otro ser, aunque al bastón no le echo la culpa porque me ayuda a sostenerme.
-¿La falta de aceptación te insume mucha energía?
-Es horrible. Te da la sensación de que vas a perder. A esta edad perdí el dominio de mi físico pleno arriba del escenario, pero antes, sin esto, yo podía creer que esa plenitud física era correspondiente a la pérdida natural de energías que uno va teniendo con el correr del tiempo. Pero esto es un sobrepeso grande. Preferiría no estar así y menos en un momento de la humanidad como es el que estamos corriendo, que se termina todo mañana, esta idea de vivir que quedan dos minutos.
-¿Y cómo vivís mientras “se termina todo”?
-Estoy enamorado desde hace un año y medio cuando pensaba que ya no me tocaba más la suerte a mí. Nos enamoramos y vivimos una cosa muy linda. Entonces yo quiero darle lo más lindo de mí y no es esto. Es lo más lindo que puedo ahora, pero no es lo más lindo de mí. Yo tengo otro recuerdo de mí.
-Seguramente ella se enamoró de tu totalidad…
-Yo lo entiendo y te agradezco que me lo recuerdes. Pero mi totalidad significa poder darle al ser que amo lo mejor de mí. Y lo mejor de mí no está en juego en este momento. Aunque quiera, aunque desee entregar lo mejor, eso se me escapa como agua entre los dedos.
-¿Hiciste procesos terapéuticos en tu vida?
-Muchos.
-¿Recordás algo de la vivencia de estar con vos mismo a través de un espacio terapéutico?
-Sí. Nunca me tomé muy en serio el querer entender por qué yo soy así. A mí me importaba ser así porque nunca me disgustó ser como soy. O sea, he sido honesto con mi manera de sentir y de pensar y de decir y de hacer. Y he tratado de hacer, sentir, decir y hacer las mismas cosas. En público y en privado. Un tipo bastante consecuente con todo lo que he sentido, sigo siendo el mismo.
Miguel Angel Solá y Mercedes Funes en "Por el placer de volver a verla", la obra del Paseo La Plaza.
-Es decir, hoy no necesitás un espacio para ingresar a tu mundo interno porque te sentís coherente con tu vida y a gusto.
-No es que yo diga que no lo necesito, quizás más que nadie. Pero lo que pasa es que como estoy contento con quién soy y cómo he sido y en cómo vaya a seguir siendo, a pesar del bastón.
-¿Cómo sobrellevaste tus conflictos a lo largo de la vida?
-Yo sé que la vida te da y te quita. Eso lo sé, lo supe siempre. Un día me desperté y resulta que mi mamá estaba muy grave y se moría. Otro día me desperté y me habían dado una medalla de oro en el colegio como mejor alumno. Otro día me desperté y me había fisurado tres vértebras en la columna. Una vez me desperté y estaba en un baño de sangre y me había caído sobre una jaulita de acero y vidrio de una tortuga y me había hundido la cara y perdido todos los dientes de arriba de mi lado izquierdo y los de abajo. ¿Qué querés? La vida te da y te quita. Y otro día me desperté y me daban el premio al mejor actor argentino a los 26 años. Otro día me desperté y tenía bultitos en todo el cuerpo hace cuarenta años. Sigo teniendo los bultitos.
-¿Sos un resiliente o tal vez un sobreviviente?
-También, pero además me desperté y estaba casado y enamorado. Y me desperté, estaba divorciado y sin un centavo encima. La vida te da cosas. Es la zanahoria que te pone la vida y vos vas como el burrito mordisqueando el aire para tratar de alcanzarla y a veces lográs algún bocado. Y a veces pensás que ese bocado te va a durar para toda la vida pero al día siguiente tenés hambre y necesitás otro bocado y hay que ver si lo tenés. Pero eso es la vida. No puedo quejarme. Ha sido muy bueno todo lo que me pasó como para quejarme. Sería injusto.
-Te enamoraste varias veces. ¿Siempre elegiste parejas menores a vos por algo en especial?
-Sí, exacto, con todas. A Blanca (Oteyza) yo le llevaba catorce años, a Paula (Cancio) treinta y a Fátima le llevo cuarenta y cinco. No sé por qué las mujeres deciden por mí.
-¿Tenés un sentimiento “paternal” quizás?
-No sé, a mí me gusta proteger. Pero en estas condiciones es muy difícil que yo pueda hacerlo. Dependo constantemente de la ayuda de Fátima. Y ella no solo me quiere, sino que me cuida.
-¿Y cómo es tener vínculos afectivos con ese sentimiento?
-Soy un tipo chapado a la antigua, tengo 76 años, o sea, he tenido una educación diferente y yo vengo de querer luchar contra una educación que me dieron, en la que todavía era más cerrada que la mía. Entonces, ese paternalismo quizá esté disfrazado, pero yo entiendo que es un orgullo sentir que uno puede ayudar al otro, que puede colaborar con su vida, que puede protegerlo. (Piensa.) Es verdad que es más de padre que de marido de hoy o de compañero de hoy.
-¿Cómo sos como padre?
-No lo sé, hace dos años y medio que no veo a alguna de mis hijas. Una está acá, Adriana, la de 13, que es un cielo y que tuve con Paula. No viví mucho la adolescencia de mis otras dos hijas… Porque mi primera mujer se enamoró de otro señor y perdí el contacto con ellas.
Miguel Ángel Solá juega durante las fotos. Foto: Ariel Grinberg.
-¿Está viniendo al país a verte tu hija mayor, María Luz, con quien recompusiste el vínculo?
-Sí, sí, con ella todo bien. Me quiere, la quiero. Es una hermosa persona, es muy inteligente. Ella ahora está trabajando, estudió imagen y sonido. Se recibió y entró a trabajar en una agencia de publicidad. Y hace dos años que lidera un grupo de pop que se llama Jordana B, del cual ella es la letrista y cantante. Y le va muy bien.
-Y falta Cayetana. ¿No se hablan?
-Ella decidió vivir sin papá. Yo no sé el porqué, no me queda claro nada. Pero bueno, lo acepto. Tampoco es obligación que ella quiera al papá por un lazo sanguíneo, sino que tiene que quererlo por un amor real. Han pasado seis años y tampoco me desvivo. Y por momentos sí siento un desgarrón. (Medita.) Como si fuera un corte.
-¿Cómo sentís ese desgarrón?
-Duele, duele. Yo la amé siempre pero tampoco me desvivo porque sé que es una decisión suya y yo crié hijas para que tuvieran miradas propias en la vida. Y eso no involucra tener que sentir como yo siento. (Suspira.) Esto viene de hace mucho. Para mí no es el conflicto con ella sino ayudar a vivir a mis otras dos hijas. Porque después lo que yo pueda dejarles en vida, eso ya se lo quedaron. No ella, sino que se lo quedó su madre.
-¿Te referís a las cuestiones materiales?
-Sí. Con respecto a lo otro, bueno, si los jueces deciden que ellas se tienen que quedar con la madre, yo no puedo hacer nada. Y si ellas deciden quererme o no quererme, tampoco puedo influir en eso.
-¿Pero a vos no te sanaría si pudiese reestablecer el vínculo?
-Sí, sí. Sanaría si es un vínculo sano. Obligado, no. Si no es por esa sanidad del amor, la vida no existe.
-Recién mencionabas que la mamá se quedó con la cuestión simbólica de lo material. ¿Cómo te llevaste con el dinero vos?
-He ganado dinero, lo he dado a los seres que lo necesitaban más que yo. He construido un teatro, quería hacer diez. No pude, me tuve que ir. (Piensa.) Siempre me llevé mal con el dinero, nunca no le encontré la razón. Bueno, defectos tenemos todos. No entendí la importancia de la plata para poder subsistir. Incluso el día de hoy en que yo necesito dinero para poder vivir, no lo tengo y podría haberlo tenido si hubiese guardado y ahorrado. No lo entendí a tiempo.
-Y actualmente te prestaron un departamento, ¿no?
-Sí. Me lo prestó Martín Bianchedi, mi amigo, ahí estamos viviendo. Vivo con la esperanza de que la gente acuda a la obra en La Plaza, para que yo pueda acceder a comprarme un pequeño PH para vivir.
-¿Es cierto que tenés fobia a volar en avión?
-Mucho, sí. Tengo pánico cuando me subo al avión. Apareció con más fuerza hace unos quince años. El temor a volar se me aloja acá en la boca del estómago.
-Existen técnicas conductuales para poder salir de esa fobia.
-No sabía. Me agarró con la vejez. No puedo decir que no tenga miedo a la muerte; es que nunca pienso en la muerte. Pienso en la vida todo el tiempo.
-Entonces, ¿qué es la muerte?
-Lo único que entiendo es que la muerte es la cesación de esta vida. Y esta vida es maravillosa en muchos sentidos. Y en otros es mezquina, siempre te quita algo. También te pasan las muertes de los amigos, seres queridos, todo eso también te pasa. Pero si no tuvieras la experiencia de ver cómo se cae todo, no podrías ver cómo se levanta todo. Ayer miraba a un nenito en la calle corriendo a abrazarse con otro nenito. ¡Qué disfrute, por Dios! Cuando llegaron y se abrazaron así. Yo sentí que algo me abrazaba, sentí algo parecido a mi mamá cuando me envolvía.
-¿Extrañás esos abrazos?
-La perdí a los veinte años, así que son cincuenta y seis años sin ella. La recordaba solo por una foto en blanco y negro y volví a recordarla.
-¿Será por la obra que estás haciendo también?
-Es posible. La obra es maravillosa en ese sentido. O sea, toda la gente que me espera me dice: “Ahora voy a llamar a mi mamá”.
-¿Creés en Dios?
-Sí.
-¿Tenés algún ritual? ¿Hacés algo para tener conexión espiritual?
-Sí, rezo, pero nunca es suficiente. La sensación es que Dios no me da bola, no me escucha, aunque yo insista. En mi vínculo con Dios, yo siento que él no necesita nada mío, pero que yo sí necesito algo de Él. ¿Pero qué le puedo dar a Dios? Si él tiene todo y yo no tengo nada.
-Dentro de muchísimo tiempo, mucho, ¿cómo te gustaría que te recuerden?
-He sido una buena persona y quisiera que me recuerden así. ¿He sido buen actor? Sí, yo siento que sí, que he sido muy buen actor. ¿He amado? Sí, he amado. Mucho. Y con lo mejor de mí. Quiero que me recuerden como un buen amante. Quiero ser un buen padre, espero haber sido un buen hijo, un buen hermano para mi hermana. Que la gente sepa que siempre quise ser mejor, pero no es por fatiga que no lo haya intentado. Siento que muchas veces lo he logrado, y que no es que me lo tengan que agradecer. Por eso quiero que me recuerden bien, porque he intentado hacer todo bien.
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