Donald Trump firmó este sábado una serie de órdenes ejecutivas para apoyar a los ganaderos norteamericanos en medio de la mayor escasez de ganado de la historia del país.

La razón de esta situación es que el stock ganadero bovino enfrenta la peor sequía de los últimos 75 años al mismo tiempo que su demanda creció 10% en la última década; y todo esto en medio de una revolución proteínica mundial que en el caso de EE.UU ha transformado la forma de alimentarse de los norteamericanos, en donde se ha desatado una verdadera explosión de consumos cárnicos sin precedente en la historia estadounidense.

Por eso el precio de la carne se ha disparado con valores de U$S 6/U$S 8 por libra (0.453 kg), que llega a U$S 10.5 en las cadenas de restaurantes centrados en el consumo de carne bovina, donde es considerado un servicio lujoso y de marca, entre ellos la carne argentina, que se extiende por todo el territorio norteamericano.

Trump ha advertido hace tiempo sobre el proceso de concentración realizado en la industria procesadora de la carne, ante todo apuntando a los dos principales frigoríficos, que son la brasileña JBS y la “National Beef” operada por una serie de consorcios de Chicago.

El presidente dijo expresamente en el Salón Oval que los dos países más beneficiados por la importación de carnes de calidad que necesitaba EE.UU en este momento son Brasil y la Argentina (a pesar de que la Argentina tiene su propio cupo para exportar a EE.UU de más de 100.000 toneladas de carnes).

China ha recorrido el camino inverso de EE.UU, a través de una política de aliento a la producción interna y de reducción sistemática a la importación de productos provenientes del exterior.

Así, por ejemplo, los embarques de carne bovina de Brasil destinados a la República Popular cayeron en agosto a 16.800 toneladas, que es un volumen casi 90% inferior al del mismo mes de 2025 (158.600 toneladas).

A pesar de todo China continúa siendo el principal destino de las carnes brasileñas, con 899.200 toneladas del producto en 2025.

De este modo la estrategia con China lleva a persistir en este ritmo de incorporación hasta que se den mejores condiciones de integración, probablemente una vez terminado el ciclo de guerras de Medio Oriente.

En estas condiciones es que aparecen las dos grandes innovaciones que se propone realizar la Republica Popular en los próximos 25 años.

Lo que está en juego atrás de las carnes es la reducción sistemática de sus importaciones, que se realiza en un mismo movimiento con un esfuerzo deliberado por aumentar sus ventas externas, sobre la premisa de que esto exige un trabajo sistemático de mejora biológica que aspira a utilizar la incorporación de los mejores productos del mundo a partir de los norteamericanos y británicos (y pronto de los argentinos). La idea es lograr en no más de 10 años un equilibrio consolidado entre lo que se exporta y lo que se importa; y la mejora sistemática de las carnes bovinas chinas es el único camino para conquistar nuevos mercados.

Pero el mayor desafío es otro: es alimentar a su cada vez más amplio y poderoso mercado interno con las proteínas provenientes de las carnes alternativas o vegetales – lo que va en contra de la tendencia mundial, sobre todo en los países occidentales -, pero para eso hay que crear productos que sean competitivos en calidad y gusto con las carnes vacunas naturales, una ardua tarea, que algunos pesimistas – que ciertamente no son los chinos, cuya fe en la potencia de la técnica especialmente en la era de la Inteligencia artificial no tiene límite ni medida -, estiman que lo puede lograr hacia 2050, convicción que en Occidente prácticamente en su totalidad ha sido abandonada por irrealizable, pero que los “súper-optimistas” de la República Popular se creen en condiciones de realizar; y en el país de la “Larga Marcha” las promesas de imposible realización han mostrado ser, en varias ocasiones, las que tardan un poco más en realizarse.

China en suma se propone cambiar el mercado mundial de agroalimentos en los próximos 25/30 años y para eso cuenta con el dominio total de las claves del consumo mundial; y luego, dispone de un sistema acostumbrado a pensar en siglos, que es algo que va mucho más allá del largo plazo.