Investigar el universo puede parecer un trabajo surrealista, lejano y distópico, pero la ciencia y sus distintas ramas se dedican a abordarlo como objeto de estudio. Hay quienes no solo contribuyen con investigaciones, sino que paralelamente se dedican a divulgar los descubrimientos. Ese es el caso del astrofísico Héctor Socas.
El científico español de 53 años, nacido en Tenerife, es el director de la Fundación Telescopio Solar Europeo. También colabora como investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y es una de sus principales líneas de investigación en la actualidad es la física solar.
En una entrevista con el diario El País explicó que uno de los objetivos a largo plazo es poder predecir las tormentas solares de consecuencias potencialmente catastróficas con antelación, tal como ocurre con la meteorología terrestre.
La ciencia como "placer humano" y la apatía como enemiga
Socas es autor del libro "Horizontes de la civilización: una mirada optimista al futuro de nuestra especie" (Planeta, 2026). El título dice mucho en sí mismo y sienta una postura contraria a los fatalismos que circulan sobre la evolución de la humanidad.
"Se ha impuesto un pesimismo intelectual. Cuando era joven yo leía historias que imaginaban futuros extraordinarios; ahora casi todo son distopías", expresó el investigador.
Y profundizó: "Eso acaba influyendo en la psique colectiva. No solo es incorrecto, sino también contraproducente porque estamos al borde de una depresión colectiva y lo peor es que llega un momento en que ni siquiera quieres curarte".
"Yo soy optimista porque otro futuro es posible, hay muchos avances que nos abren posibilidades para un mundo mejor, pero requerirá mucho esfuerzo. Estamos en una encrucijada histórica y no podemos afrontarla desde la apatía, necesitamos entusiasmo", indicó Socas.
En aquellas páginas no solo ilustra qué podría pasar más adelante, sino que también viaja hacia los orígenes de la humanidad. "Los seres humanos somos exploradores por naturaleza, nos gusta aprender y descubrir cosas nuevas desde tiempos inmemorables, por eso reivindico la ciencia también como placer humano", sostuvo.
El creador de Coffee Break: Señal y Ruido, un podcast que conduce cada semana para explicar la actualidad científica, predica con su propio ejemplo, desde la vocación y la imperiosa necesidad de transformar la impotencia en conocimiento.
"Estamos en un momento en que hay muchas puertas que se están abriendo y tenemos que elegir qué caminos tomar", manifestó. "La bioingeniería o la exploración espacial tienen que estar en el debate, colarse en las casas, en los bares, y hay que ser optimistas, pero no desde la ingenuidad", indicó.
Héctor Socas: "No creo que el mayor peligro sea nuestra desaparición, sino perder nuestra identidad humana"
Ante la pregunta del periodista Aser García Rada de cuál de todos los apocalipsis posibles imagina como el más plausible, Socas fue muy claro: "No creo que el mayor peligro sea nuestra desaparición, sino perder nuestra identidad humana".
"De todos los apocalipsis posibles, el que hoy me preocupa más es el de una humanidad sin motivaciones que deja de crear, investigar, ayudar a los demás o perseguir nuevos retos", detalló.
Como referencia audiovisual planteó como el "peor futuro" la sociedad que muestra la película infantil WALL-E. "Una sociedad que lo tiene todo tan resuelto que vive en vacaciones continuas", describió.
Héctor Socas además es el director de la Fundación Telescopio Solar Europeo. Foto: Facebook/ @hector.socas.navarro
La divulgación científica fue clave en su juventud y considera que es una labor que no se debe abandonar nunca. "No solo hizo que quisiera dedicarme a la ciencia, sino que modeló mi personalidad, mi forma de ver el mundo y la vida", enfatizó.
"Vivimos en una época en la que el ciudadano necesita cultura científica para participar en conversaciones fundamentales, lo que es casi una obligación moral: los riesgos y oportunidades de la IA, los dilemas éticos, cómo conseguir que el progreso no deje a nadie excluido; y esos debates requieren de una sociedad informada", explicó.
La Inteligencia Artificial podría comprender el universo antes que los propios humanos
Para Socas, en tiempos del advenimiento de la Inteligencia Artificial (IA), que ya es utilizada incluso en estudios científicos, hay una posibilidad de que la IA comprenda el universo antes que los propios seres humanos.
"No hace falta ni siquiera que llegara la singularidad, bastaría con llegar a inteligencia sobrehumana, algo perfectamente factible", señaló. Y proyectó: "Sería maravilloso si pudiera ayudarnos a entender mejor el universo, aunque quizá nunca podamos alcanzar su nivel de comprensión".
"Al igual que la evolución produjo una especie con una capacidad cognitiva mayor que las anteriores, es posible que nosotros estemos dando origen a otras criaturas que tengan una comprensión del universo más profunda que la nuestra", reflexionó.
Frente a las recurrentes preocupaciones en torno a la IA, Socas volvió al optimismo secular que lo caracteriza. "Hay quien teme que una IA haga mejor literatura, música o ciencia que nosotros; yo hace tiempo que dejé de preocuparme por eso porque ya hay personas mucho más inteligentes que yo o que escriben mejor, y no lo vivo como una amenaza, sino como algo de lo que puedo disfrutar y aprender", remarcó.
Héctor Socas durante una charla TEDx. Foto: Facebook/ @hector.socas.navarro
"Igual que no creo que porque una persona sea más inteligente vaya a querer engañarme, tampoco creo que otra inteligencia superior, por serlo, tenga que convertirse necesariamente en un problema o actuar con maldad", agregó.
"Las máquinas tampoco tienen motivaciones como el poder o el dinero. Esas historias pertenecen más a la ciencia ficción. Entrenamos las redes neuronales, los sistemas de IA, para cumplir los objetivos que les damos; no para autopreservarse o destruir a la humanidad", aseguró.
La sociedad humana del futuro
Socas aseguró que por primera vez en la historia el desarrollo tecnológico está avanzando más rápido que el relevo generacional. La vertiginosidad de esos cambios implicará, tarde o temprano, replantear algunas cuestiones.
"Debemos repensar la educación para que sea un aprendizaje permanente y encontrar la forma de que las personas mayores no queden excluidas", ejemplificó.
La forma en que vivimos podría modificarse y complementarse con el avance de la tecnología, tal como indican los antecedentes históricos. "Solemos entender el trabajo como el precio que pagamos para disfrutar del resto de la vida. Pero el tiempo es lo más valioso que tenemos", advirtió.
"Yo soy un privilegiado porque disfruto de mi trabajo, pero creo que el progreso debería conducir a que los seres humanos hicieran tareas cada vez más humanas, menos repetitivas y más creativas, dejando a las máquinas los trabajos más duros, peligrosos o aburridos", planteó.
Sobre la utopía de que alguna vez la humanidad no necesite trabajar porque las tareas puedan suplirlas recursos tecnológicos, el astrofísico manifestó que ese mundo también implicaría riesgos.
"El trabajo nos da una rutina y un propósito. Si las máquinas hicieran todo por nosotros, necesitaríamos encontrar nuevas motivaciones. Escribir un libro, descubrir un planeta, ayudar a otras personas, algo. El futuro del trabajo es hacer algo que te autorrealice", sentenció.
"Creo que sería un paso más en la evolución del modelo social que llegue un momento en que uno no sea aquello con lo que se gana la vida, sino aquello que decide hacer. Me parece una perspectiva muy bonita. El riesgo es que, si no encontramos un propósito, una sociedad de la abundancia también podría generar apatía o conductas autodestructivas", reflexionó.
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