Tiene la sonrisa fácil Gianni Infantino, el presidente de la FIFA. Y la cintura de elástico. Su rostro feliz se pasea por los medios de todo el planeta ahora que su criatura, el Mundial de 48 equipos y 3 países, se convirtió en uno de los mejores torneos de la historia. Lo dicen los fabulosos números de asistencia y recaudación, y también la jerarquía de los 4 semifinalistas. Debe estar frotándose las manos el suizo-italiano de 56 años al pensar en los próximos días, cuando se producirán los cruces perfectos entre Argentina e Inglaterra, en Atlanta, y Francia y España, en Dallas. ¿Los duelos entre Mbappé vs. Yamal, y Messi vs. Kane, serán los partidos con mayor audiencia de la historia del deporte?

A Infantino no le entran las balas. Y tiene mucha lógica que así suceda. Con simpatía, Gianni les responde a todos y a todo en alguno de los 7 idiomas que maneja. Tampoco se sonroja si tiene que abrazarse con Donald Trump, el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salman, el ruso Vladimir Putin, Mauricio Macri o Claudio Tapia. Para todos tiene una anécdota, un chiste, una palmada en la espalda o un guiño. Es un lobista entre gigantes. Y, envalentonado, va por más.

"Ha sido un gran éxito con 48 equipos. Todos jugaron a un alto nivel. Equipos de todos los continentes marcaron goles y consiguieron al menos un punto. Nueve de cada diez seleccionados africanos llegaron a la fase eliminatoria. En el último Mundial solo hubo cinco equipos de África. Esto demuestra lo importante que es incluir a todos y darles esta oportunidad de participar", sostuvo. Y se ilusionó: "Sin duda, un torneo de 64 equipos será un tema que se analizará y debatirá en los comités pertinentes. Todas las naciones deberían poder soñar con participar en la Copa del Mundo. Se puede apreciar que la calidad de los equipos es altísima y cada vez lo es más en todo el mundo. Si no se les da a los países más pequeños la oportunidad de participar, carecerán del incentivo para seguir mejorando".

Sin embargo, según pudo averiguar Clarín, la idea de un Mundial XL es imposible para los años venideros. "Comercialmente es muy díficil de sostener y también está el tema del calenadario. Se necesitarían dos meses para competir", aseguraron.

Infantino junto a Tapia durante el partido contra Argelia. Foto: Juano Tesone/ Enviado especial

No hay noticia negativa que logre perforar el optimismo de Infantino. El cartel futbolístico de lo que se avecina es demasiado luminoso y eclipsa al resto. Los organismos que velan por el medio ambiente pusieron el grito en el cielo por la cantidad de traslados aéreos durante el campeonato. Según el New Weather Institute, "es el evento más contaminante de la historia", con una estimación de alrededor de nueve millones de toneladas de dióxido de carbono emitidas.

Infantino, que no pudo estar en Argentina-Suiza, acumuló más de 50.000 kilómetros en su avión privado durante las primeras semanas del campeonato. De acuerdo con un seguimiento realizado por BBC Sport y retomado por diversos medios internacionales, la aeronave vinculada al máximo dirigente del fútbol mundial completó más de 35 vuelos entre el inicio del torneo y los primeros días de julio. Claro: estuvo en distintas sedes de Estados Unidos, Canadá y México.

Otro de los puntos controversiales fue el calor extremo con el que se jugaron algunos partidos. Pero tranqui: el sindicato mundial de futbolistas, FIFPRO, ya mantiene conversaciones con la FIFA para establecer protocolos. Y mientras tanto, se implementaron las pausas de hidratación que duran 3 minutos y que sirven para vender 12 publicidades de 30 segundos cada uno.

Ajena a las polémicas, la FIFA se encarga de difundir datos. El Mundial alcanzó hitos sin precedentes en participación digital, con 20.000 millones de visualizaciones de video en todas las plataformas. Hay más: los estadios funcionaron prácticamente a pleno, con una ocupación del 99,7 por ciento y más de 6,25 millones de espectadores. ¿De cuánto se estima la recaudación total? Proyecta ingresos récord de 11.000 millones de dólares. Rápido de reflejos, Infantino anunció una donación de 1 millón de dólares para apoyar la respuesta humanitaria en Venezuela luego del terremoto que afectó al país semanas atrás.

El lobby feroz: Infantino le dio todos los gustos a Trump, pero también se codea con sus adversarios.

La vida le sonríe a Infantino, sobre todo, porque dentro del campo de juego todo salió incluso mejor de lo imaginado. Se dieron las semifinales perfectas con las que se fantaseaba cuando se realizó el sorteo en diciembre del año pasado. Llegaron las selecciones de mejor presente, Francia e Inglaterra, y las dos más consolidadas desde la idea futbolística, Argentina y España.

Habrá un choque de estilos bien marcados en Estados Unidos: los equipos de la tenencia, Argentina y España, frente a dos seleccionados de gran poder físico y futbolistas verticales, Inglaterra y Francia. El fútbol del tiki-tiki contra el del rock and roll.

Todavía faltan los dos partidos más importantes del Mundial, pero Infantino ya consiguió buena parte de lo que buscaba: transformar un experimento cuestionado en un espectáculo irresistible. Las críticas por el impacto ambiental, los viajes interminables y la sobrecarga del calendario seguirán ahí cuando baje el telón. Sin embargo, mientras la pelota siga regalando cruces como Argentina-Inglaterra y Francia-España, el presidente de la FIFA tendrá el argumento más poderoso de todos. Porque en el fútbol, como pocas veces ocurre en otros ámbitos, el éxito suele medirse por lo que pasa dentro de la cancha. Y, al menos esta vez, el torneo le está dando la razón. ¿Será este el Mundial perfecto?