Es una situación que casi todos vivieron alguna vez: guardar algo “en un lugar seguro” para no perderlo y, unos días después, no recordar dónde quedó.
Lo curioso es que muchas veces el objeto está exactamente donde se lo dejó. El problema no es necesariamente que la memoria haya desaparecido, sino que el lugar elegido no coincide con las asociaciones habituales.
Las llaves van al mismo cajón, los anteojos a la mesa de luz y los documentos a una determinada carpeta. Cuando esa rutina cambia, encontrar el objeto puede volverse sorprendentemente difícil.
Cuando cambiar de lugar seguro juega en contra
La explicación está relacionada con la manera en que el cerebro organiza y recupera los recuerdos cotidianos. Una investigación de University College London (UCL) sobre memoria de objetos y lugares encontró que, con el paso del tiempo, puede debilitarse el vínculo entre un objeto y el sitio exacto donde fue colocado.
Las personas podían recordar lo que buscaban pero equivocarse en su ubicación, especialmente cuando existían lugares habituales asociados con ese objeto.
Búsqueda frenética. Foto: iStock.
Por qué cuesta encontrar algo que guardaste “en un sitio seguro”:
- El cerebro aprende rutinas. Con los objetos que usamos todos los días no necesitamos recordar conscientemente dónde los dejamos. La repetición crea asociaciones automáticas.
- Cambiar de lugar rompe el esquema. Si el cargador del teléfono siempre está junto a la cama y un día se guarda en un cajón del escritorio, el cerebro puede seguir esperando encontrarlo en el sitio habitual.
Los objetos cotidianos que más cuesta encontrar.
- Recordar qué es un objeto no significa recordar dónde está. Las investigaciones distinguen entre la memoria del objeto y la memoria de su ubicación, que no siempre se recuperan al mismo tiempo.
- Lo extraño puede llamar la atención, pero no alcanza. Colocar algo en un sitio insólito puede hacer que pensemos “esto seguro que lo recuerdo”. Sin embargo, prestar atención en ese momento no garantiza que la ubicación quede almacenada de manera duradera.
Por eso, la próxima vez que aparezca la frase “lo puse en un lugar seguro y ahora no sé dónde está”, la explicación puede ser más sencilla de lo que parece: el lugar elegido dejó de coincidir con las pistas que normalmente ayudan a encontrar ese objeto.
La solución más práctica es también la más simple: mantener los objetos importantes en lugares fijos o dejar una señal cuando sea necesario cambiarlos. Así, en lugar de confiar en que “seguro me voy a acordar”, se le da a la memoria una pista concreta para encontrar el camino de regreso.
Todavia no hay comentarios aprobados.