Para algunas mascotas, escuchar el agua de la ducha o entrar al baño puede ser suficiente para intentar escapar. Bañar a un perro parece una tarea sencilla, pero puede convertirse en una experiencia estresante si el animal no está acostumbrado o anteriormente atravesó una situación negativa.

La veterinaria española Cristina González explicó que el objetivo no debería ser simplemente conseguir que el perro permanezca quieto hasta terminar, sino lograr que tolere el proceso sin experimentar un nivel elevado de miedo.

“Tenemos que hacérselo lo más fácil posible y en tandas muy cortas”, explicó la especialista al referirse a los perros que muestran rechazo al agua o al momento del baño.

Por qué algunos perros tienen miedo de bañarse

La resistencia puede tener diferentes explicaciones. Algunos animales nunca fueron acostumbrados al agua durante sus primeras etapas de vida, mientras que otros pueden haber asociado el baño con experiencias desagradables.

El ruido de la ducha, la superficie resbaladiza, la manipulación corporal, la temperatura del agua y permanecer en un espacio reducido son varios estímulos que aparecen simultáneamente.

La resistencia del perro al baño puede tener diferentes explicaciones.

Por ese motivo, González aconseja avanzar progresivamente. “Lo que tenemos que hacer es intentar que ese momento del baño sea lo más agradable posible”, señaló.

En lugar de obligar al animal a soportar todo el procedimiento desde el primer intento, la especialista propone dividirlo en pequeños pasos. Primero puede acostumbrarse al lugar donde será bañado y, posteriormente, al contacto con el agua.

Sesiones cortas y premios: cómo acostumbrarlo al agua

La veterinaria recomienda utilizar refuerzo positivo durante el proceso. Los premios permiten relacionar una experiencia que inicialmente puede generar incertidumbre con algo agradable para el animal.

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Las mascotas ayudan a reducir el estrés

“Podemos ir dándole premios mientras vamos mojándolo poco a poco”, indicó González.

La progresión resulta especialmente importante en perros que ya muestran miedo. Una primera sesión no necesariamente tiene que terminar con un baño completo. Puede consistir simplemente en entrar al lugar, permanecer unos segundos y recibir una recompensa.

Después se puede introducir gradualmente el agua, comenzando por zonas menos sensibles del cuerpo. Si el perro mantiene una conducta relajada, el procedimiento puede continuar.

El objetivo es evitar que cada baño se convierta en una experiencia en la que el animal intenta huir mientras la persona lo retiene por la fuerza. Una exposición demasiado intensa puede reforzar la asociación negativa y hacer que los siguientes intentos resulten todavía más difíciles.

La temperatura del agua también es importante

Otro aspecto a tener en cuenta es la temperatura. El agua excesivamente caliente puede resultar incómoda y también afectar la piel del perro.

Los perros pueden no querer bañarse, pero hay que conocer la mejor fórmula de hacerlo.

En general, se recomienda utilizar agua templada y comprobar su temperatura antes de comenzar. También conviene evitar dirigir inicialmente un chorro fuerte hacia la cabeza, los ojos o las orejas.

Además, es importante utilizar productos específicamente formulados para perros. Su piel tiene características diferentes de la humana y un shampoo diseñado para personas puede alterar su barrera cutánea o producir irritación.

La frecuencia del baño tampoco es idéntica para todos los animales. Depende, entre otros factores, del tipo de pelo, el nivel de actividad, el ambiente en el que vive y posibles problemas dermatológicos.

Cómo saber si el perro está incómodo durante el baño

Los perros no siempre expresan el miedo intentando escapar. Algunas señales pueden ser más sutiles.

Abrazo del sueño tras un baño reparador. Foto: iStock.

Jadear sin haber realizado ejercicio, temblar, mantener la cola entre las patas, intentar alejarse, lamerse repetidamente el hocico o permanecer excesivamente rígido pueden indicar estrés o incomodidad.

Ante esas respuestas, el consejo de González de trabajar “en tandas muy cortas” adquiere especial importancia. Si no existe una necesidad médica o de higiene urgente, interrumpir el proceso y retomarlo gradualmente puede ser preferible a forzar al animal.

Si el miedo es intenso, aparece agresividad defensiva o resulta imposible realizar una higiene básica sin generar una reacción extrema, conviene consultar con un veterinario o un profesional especializado en comportamiento.

La especialista recomienda bañar en tandas cortas. Foto: REUTERS

La meta, según el enfoque de González, no pasa únicamente por conseguir que el perro quede limpio. Se trata de transformar progresivamente el baño en una rutina predecible y tolerable, en lugar de repetir una experiencia que el animal perciba como una amenaza.