El entrenador estadounidense Jarrod Nobbe parte de una premisa bastante tranquilizadora para quienes pasan de los 55: la pérdida de masa muscular asociada a la edad “no es irreversible”, porque el cuerpo “sigue teniendo capacidad para ganar fuerza y músculo cuando recibe el estímulo adecuado”.

Su idea, divulgada en Trendencias, se convierte en el punto de partida de un enfoque menos obsesionado con el volumen y más centrado en la calidad del entrenamiento. Por eso su frase principal -“A partir de los 55, cuando necesitamos más recuperación, las series entre 8 y 12 repeticiones son ideales"- no aparece de forma aislada, sino dentro de una lógica más amplia sobre cómo entrenar con inteligencia a medida que pasan los años.

La explicación que da Nobbe es bastante clara. “El músculo responde al esfuerzo, la tensión y la repetición a cualquier edad, pero lo que cambia es el enfoque”, afirma, y enseguida añade que “conviene priorizar ejercicios más respetuosos con las articulaciones y controlar mejor el volumen de entrenamiento”.

Ahí está el corazón de su propuesta. No habla de resignarse a rutinas suaves ni de abandonar la fuerza, sino de ajustar la forma de estimularla. El rango de “ocho a 12 repeticiones por serie”, según él, permite “entrenar de manera constante sin terminar agotado”, algo especialmente importante cuando el cuerpo “necesita más tiempo para recuperarse”.

De las flexiones, Nobbe dice que “entrenan la fuerza de empuje a la vez que exigen una activación constante del core”, y que cada repetición “refuerza la estabilidad de los hombros y el control del tronco”.

En cuanto a las zancadas, las considera “un ejercicio fundamental para recuperar la musculatura de la parte inferior del cuerpo ya que desarrollan la resistencia de las rodillas y las caderas”. En otras palabras, no está hablando de músculos aislados, sino de movimientos que también mejoran equilibrio, estabilidad y control postural.

La pérdida de masa muscular asociada a la edad "no es irreversible", explica el entrenador.

Con las dominadas y el peso muerto, Nobbe insiste en la misma línea. De las primeras destaca que “fortalecen la parte superior de la espalda y los brazos, a la vez que mejoran la mecánica de los hombros”, y añade que “también fortalecen el agarre”, algo que él traduce enseguida a beneficios para “las tareas cotidianas”. Del peso muerto subraya que “fortalece las caderas y la cadena muscular posterior”, “refuerza la técnica correcta de levantamiento” y “protege así la zona lumbar”.

No son elogios decorativos: todos apuntan a una idea funcional del entrenamiento, donde ganar fuerza importa tanto como moverse mejor en la vida diaria.

La sentadilla termina de cerrar esa filosofía. Nobbe afirma que hacerla “con regularidad favorece la independencia al mejorar la capacidad de sentarse, ponerse de pie y levantar objetos”, y remata con una frase que resume toda la pieza: “Bien realizadas, las sentadillas siguen siendo uno de los movimientos diarios más valiosos después de los 55 años”.

Sumado a eso, deja una última clave que él mismo define como decisiva: “la constancia”. Para el entrenador, moverse cada día no significa “entrenar al límite”, sino “progresar poco a poco de una forma sencilla, efectiva y fácil de mantener”.

Ahí encaja perfectamente su recomendación de las 8 a 12 repeticiones: no como fórmula mágica, sino como una manera de recuperar músculo sin que el precio sea quedar reventado.