A los 90 años, Julie Andrews dice sentirse mucho más joven de lo que indica su documento. La actriz y cantante, una de las grandes figuras de la historia del cine y del teatro musical, reconoce que no tiene la misma energía física de décadas atrás, pero asegura que en su interior todavía se siente como cuando tenía alrededor de 50 años.

La explicación no tiene que ver con una fórmula secreta ni con tratamientos extraordinarios. Andrews atribuye buena parte de esa sensación a un hábito que incorporó hace muchos años y que mantuvo durante prácticamente toda su vida: comenzar el día moviendo el cuerpo. “Toda mi vida he hecho ejercicio a primera hora de la mañana, un poco menos estos días”, contó recientemente.

La rutina nació, en parte, por una necesidad profesional. Cuando todavía era una joven artista y debía afrontar exigentes jornadas de canto, baile y actuación, Andrews comenzó a caminar rápidamente por el campo, incluso buscando caminos con pendientes, para mejorar su resistencia y fortalecer las piernas.

En 1996, por ejemplo, contó que solía comenzar el día con unos 45 minutos de estiramiento, ejercicios aeróbicos y barra de ballet. Años después explicó que prefería hacer la menor cantidad de ejercicio posible para obtener el mayor beneficio, y que utilizaba principalmente yoga y algo de ballet para mantenerse flexible.

Pero hay otro elemento que su hija, Emma Walton Hamilton, considera fundamental: la curiosidad. Según contó, Andrews continúa interesada en la creatividad y en aprender cosas nuevas. La propia actriz coincide con esa mirada y sostiene que todavía está aprendiendo.

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La frase no significa que Andrews ignore el paso del tiempo. Ella misma reconoce que envejecer trae dolores y limitaciones y que ya no puede hacer todo lo que hacía antes. La diferencia está en su actitud: en lugar de interpretar el envejecimiento como una razón para detenerse, adapta sus hábitos a las posibilidades de cada etapa.

Qué hábito acompañó a Julie Andrews toda la vida

La historia de Andrews demuestra que la constancia puede ser más importante que la intensidad. No se trata de entrenar durante horas ni de seguir una rutina perfecta, sino de convertir el movimiento en una parte habitual de la vida.

En su caso, comenzar la mañana con alguna forma de actividad física se convirtió durante décadas en una especie de ritual.

Julie Andrews, impecable a los 90.

Su trayectoria también ayuda a entender por qué ese hábito tuvo tanto peso. Andrews empezó a trabajar profesionalmente siendo una niña y pasó gran parte de su vida sobre escenarios y sets de filmación. Esa formación temprana, que ella misma describió como muy disciplinada, le dejó una ética de trabajo que conservó durante la adultez.

Nacida en Inglaterra en 1935, Andrews se convirtió en una estrella internacional gracias a dos personajes inolvidables: Mary Poppins, en la película de Disney de 1964; y Maria von Trapp, en La novicia rebelde, de 1965. Por el primero ganó el Oscar a la mejor actriz y consolidó una carrera que también incluyó teatro, televisión, grabaciones y literatura infantil.

Operación que dañó sus cuerdas vocales

Su vida profesional, sin embargo, también estuvo marcada por una importante transformación: una operación en 1997 dañó sus cuerdas vocales.

Andrews tuvo que reinventarse y encontró nuevos caminos en la escritura, la narración y el trabajo creativo junto a su hija. En los últimos años, además, se convirtió en la voz de Lady Whistledown en Bridgerton y continuó escribiendo libros.

Julie Andrews como Mary Poppins.

A los 90, su mensaje parece ser una manera diferente de entender el paso del tiempo. No se trata de sentirse literalmente como a los 50, sino de conservar la curiosidad, la autonomía y las ganas de hacer cosas.

En su caso, el hábito de moverse por la mañana. Y quizás la verdadera clave sea esa: no intentar detener el tiempo, sino llegar a cada nueva etapa sin dejar de participar activamente.