España afronta uno de los veranos más extremos que se recuerdan. La primera quincena de julio va camino de convertirse en la más calurosa desde que existen registros nacionales, mientras que Barcelona acaba de vivir un episodio histórico: el Observatorio Fabra alcanzó los 40,9 ºC, la temperatura más alta registrada en sus 112 años de mediciones, superando incluso el récord marcado en 2024.
En plena ola de calor, el aire acondicionado se ha convertido en el gran aliado de millones de hogares. Sin embargo, todavía persisten muchos mitos sobre cómo utilizarlo correctamente. Uno de los más extendidos es pensar que bajar el termostato de de forma abrupta hará que la vivienda se enfríe antes. El ingeniero mecánico William Hutzel, profesor de Ingeniería Mecánica y Tecnología en la Universidad Purdue (Estados Unidos) asegura que no funciona así.
“Un aparato de aire acondicionado enfría a un ritmo más o menos constante. Ajustar la temperatura de 24 a 18 grados no hace que el espacio se enfríe más rápido”, explica el ingeniero. Lo único que cambia es el tiempo que el equipo permanecerá funcionando y, por tanto, el consumo eléctrico.
El error más común al usar el aire acondicionado
Según Hutzel, el aire acondicionado no acelera su potencia porque el usuario seleccione una temperatura muy baja. Simplemente seguirá trabajando hasta alcanzar el valor programado.
Por eso recomienda fijar el termostato en la temperatura más alta que siga resultando cómoda. “Cuanto más baja sea la temperatura elegida, más pagarás por refrigerar tu vivienda”, resume.
Esta recomendación coincide con la del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), que aconseja mantener el aire acondicionado entre 24 y 26 ºC durante el verano para equilibrar confort y eficiencia energética.
Tampoco conviene apagarlo del todo cuando sales
Otro de los mitos que desmonta el profesor tiene que ver con apagar completamente el aire acondicionado cuando la vivienda queda vacía. “Enfriar una casa que ha acumulado calor durante todo el día lleva mucho tiempo y no supone un gran ahorro energético”, señala.
En lugar de apagar el sistema, considera más eficiente aumentar ligeramente la temperatura cuando no hay nadie y volver a reducirla poco antes de regresar, especialmente si se dispone de un termostato inteligente.
De hecho, Hutzel asegura que este tipo de dispositivos son una de las mejores inversiones posibles porque “aprenden los hábitos del usuario y optimizan automáticamente el funcionamiento del sistema”.
Hutzel asegura que este tipo de dispositivos son una de las mejores inversiones posibles porque “aprenden los hábitos del usuario y optimizan" Foto: Captura YT
No solo enfría: también elimina la humedad
El ingeniero recuerda otro aspecto que suele pasar desapercibido: “Además de enfriar, elimina la humedad, y esa reducción de humedad es una parte muy importante de nuestra sensación de confort”, explica.
Por eso una vivienda puede resultar agradable incluso con una temperatura algo superior si el nivel de humedad es bajo. En cambio, un ambiente húmedo puede seguir siendo incómodo aunque el termómetro marque pocos grados.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) recuerda que la humedad elevada dificulta la evaporación del sudor y aumenta la sensación térmica, algo especialmente frecuente durante las olas de calor.
Un mantenimiento sencillo marca la diferencia
Para que el equipo funcione correctamente, Hutzel insiste en la importancia del mantenimiento periódico. Su primer consejo es limpiar o sustituir los filtros interiores con frecuencia para facilitar el paso del aire. También recomienda mantener limpia la unidad exterior, responsable de expulsar el calor acumulado dentro de la vivienda.
En el caso de los aparatos de ventana, añade que hay que comprobar que estén ligeramente inclinados hacia el exterior para facilitar el drenaje del agua y evitar acumulaciones de humedad. Incluso explica que en su propia casa pulveriza periódicamente una mezcla de agua y vinagre sobre las baterías para reducir el crecimiento de microorganismos.
Por último, recuerda que un sistema central suele tener una vida útil aproximada de 15 a 20 años. Si empieza a hacer ruidos extraños, pierde rendimiento o consume cada vez más electricidad, puede ser el momento de revisarlo o sustituirlo por un modelo más eficiente.
Marc Mestres
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