Una parte de Finlandia sigue emergiendo del mar 10.000 años después de la última era glacial. Alrededor del golfo de Botnia, cada año, surgen unas 700 ha de tierra totalmente nueva. Muchos dueños de propiedades ubicadas junto a la costa se preguntan si esos terrenos pasan a ser directamente suyos.

La Unesco, que lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 2000, explica que las 5.600 islas del archipiélago de Kvarken presentan singulares morrenas onduladas, conocidas como “morrenas de De Geer”, formadas por el deshielo de la capa de hielo continental hace entre 10.000 y 24.000 años.

Añade que “el archipiélago se eleva continuamente desde el mar mediante un proceso de rápido levantamiento glacioisostático, por el cual la tierra, previamente hundida bajo el peso de un glaciar, se eleva a una de las velocidades más altas del mundo”. Añade que, “de esta manera, aparecen y se unen islas, se expanden penínsulas y los lagos evolucionan a partir de bahías, transformándose en marismas y turberas”.

De esta manera, en Kvarken hay unas 5.600 islas y 2.400 kilómetros de costa que forman intrincados canales que representan un riesgo para la navegación y ofrecen oportunidades de exploración para quienes practican kayak y piragüismo.

¿Qué dicen las leyes de Finlandia?

Este laberinto de agua y tierra también impacta en las normas del Servicio Nacional de Catastro de Finlandia. Sus funcionarios estiman que, en Kvarken, la tierra avanza un centímetro al año. Entonces, para quienes tienen un terreno que limita con el agua, con el tiempo, tendrán más tierra firme en su propiedad. En teoría, suponen, debería pertenecerles de forma automática.

Pero las leyes finlandesas establecen límites. El Servicio Nacional de Catastro explica que “una cuenca hidrográfica es una antigua zona acuática convertida en tierra firme”. Añade que “suele ser una franja estrecha entre un terreno y el agua; por ejemplo, tras la compra de la cuenca, un terreno ribereño queda al borde del agua”.

En verano los amantes del kayakismo llegan hasta Kvarken para disfrutar de su paisaje. Foto: Visit Finland.

Esas franjas (conocidas como vesijättö) deben seguir en manos de los dueños del agua. A menudo es una junta de propietarios que poseen una zona marítima. Entonces, el desplazamiento físico de la línea costera no implica, de manera automática, la transferencia de la propiedad. Si el lecho del mar Báltico perteneciera a una zona marítima común, el terreno podría seguir formando parte de la junta (osakaskunta).

Con todo, es posible realizar un trámite y solicitar que esa nueva tierra firme sea incorporada al resto del terreno. Para una parcela de una casa de campo, el costo oscila entre 2.000 y 3.000 euros, además de la indemnización al antiguo propietario y el pago de los impuestos correspondientes.

Un ejemplo de estos cambios en los terrenos de la región del Báltico es la ciudad de Vaasa, de donde parten excursiones a Kvarken. A principios del siglo XIV, el terreno donde se fundó era una isla boscosa que luego se uniría al continente.

La ciudad creció y el terreno siguió elevándose, haciendo que la costa estuviera cada vez más lejos. En 1852, un incendio destruyó gran parte de la ciudad, que fue reconstruida unos 6 km al oeste, lo que hizo de Vaasa, nuevamente, un enclave costero.