“Y si alguna vez se te ocurre morir, que sea de amor... que sea de amor”. Eso dice parte del estribillo que Paz Martínez escribió para su primer nieto, Tomás.
A contramano de hits como Amor pirata, Qué par de pájaros o Una voz en el teléfono, este es un manifiesto de la ternura y una lista de consejos para la adultez. Un poema impulsado por un estado de gracia que el compositor nunca había imaginado: el abuelazgo.
Norberto Gurvich, alias “El Paz”, ejerce el rol desde “un lienzo blanco” porque no conoció a ninguno de sus cuatro abuelos.
“De la línea paterna, esos rusos que se escaparon de la Primera Guerra Mundial sé poco y nada. Germán Gurvich era gráfico, como lo fue mi padre. Lo metieron en cana en Siberia, escapó, llegó con mi abuela a la Argentina en el barco Princesa salvada. Tuvo siete hijos, y murió cuando mi papá tenía 14”, relata.
“Tampoco conocí a los Martínez, los maternos. Tengo entendido que mi abuelo materno abandonó a mi abuela y por eso su nombre era mala palabra. Se llamaba Norberto. Nada menos. Como yo... Pero la vida siempre equilibra. ¿Sabés por qué?”, pregunta emocionado. “Tomás, mi primer nieto, nació con ¡tatarabuela! Mi nuera tenía bisabuela viva cuando fue mamá”.
Tiene una teoría el hombre de las 500 composiciones: “Se aprende del todo a ser padre siendo abuelo”, asegura. Lo acercó a esa noción el mozo de una parrilla en Montegrande, cuando celebraba el primer embarazo de su nuera Soledad.
“Mariano es mi primogénito. A ella apenas se le notaba la pancita y un mozo me felicitó y dijo algo que me pareció fuerte y me dejó pensando. ‘Con los nietos no tenés las mismas obligaciones. La relación con tus nietos es más honesta y ellos van a ver otra cara tuya’. La verdad: fui muy estricto con mis chicos y hoy con los hijos de mis hijos todo es distinto. Mis nietos conocen la mejor versión de mí”.
-¿Por qué fuiste tan estricto con tus hijos?
-Porque me educaron de manera estricta. Mi madre Fortunata lo fue. Nunca les levanté la mano, por supuesto, pero me enojaba mucho. Con mis nietos me doy cuenta que no tiene ningún sentido eso. Por ejemplo: cuando mi madre muere, quise suspender mis shows en Neuquén. Uno de los empresarios me dice: “Tienen todo vendido para mañana y te piden un esfuerzo: que no vayas a cantar, que vayas a hablar con el público”. Velamos a mi mamá, la dejamos en su morada final, tomé un avión y a la noche canté. Todo el tiempo yo miraba al cielo en el show. La gente pensaría que estaba hablando con mi madre.
-¿Y por qué mirabas al cielo?
-Decía: ¿Qué carajo estoy haciendo acá? Esa es la responsabilidad que siempre me inculcó mi vieja. Eso lo trasladás a tus hijos.
-¿De qué modo surge la canción para tu nieto?
-Yo estaba en un canal de TV como invitado y conté que iba a tener mi primer nieto. En un momento determinado el coiffeur se va y dice: “Buena vida, chau”. Esa frasecita que dicen todos, yo la agarré para arrancar una idea. Dije: “Tengo que desarrollar algo con esto”. Y salió esto: Deseo que tengas una hermosa vida/ que seas feliz disfrutando el camino/ que te enamores de causas perdidas/ que seas el viento en tu propio molino... Y también deseo que no haya rencores/ que empañen tus horas que nublen tus días/ que no te castiguen muchos sinsabores/ y si te castigan te den energía...Deseo que tengas puñado de amigos/ que ames un perro, que toques el piano/ que no tengas miedo a un desconocido/ y que él no te tema si le das la mano...
-¿Qué momentos sagrados compartís con Tomás?
-Hemos jugado al fútbol... Es hincha de River... Tengo tres nietos en total: Nicolás, su hermano, de 10 y Ryan, hijo de mi hija Melina, de 11. Todos somos hinchas de River en la familia, pero Ryan salió de Boca y respeto esa elección. Sucede que dejé de jugar al fútbol en cancha hace como ocho años. La última vez, un domingo que estaba embarrado, uno saltó a cabecear un centro, se resbaló y me pegó un cabezazo. Pensé que me había roto la nariz y que era una señal que me había mandado Dios para no jugar más. Hoy me dedico hoy al golf. Un día estaba con mi hijo bajo el sol peloteando y le dije: “Te deseo que puedas jugar con tu hijo así como nosotros”.
-Uno imagina que con un abuelo como vos la música es inevitable en sus caminos...
-No sucede así. Sé que en algún momento va a pasar. Son muy inteligentes los tres. Tienen chispita los tipos. Un día, tal vez, agarren la guitarra y se manden a hacer algo. No los presiono.
-¿Qué te gustaría que recuerden fundamentalmente de su abuelo cuando sean adultos?
-La sinceridad. Y el hecho de que siempre pudieron contar conmigo. La compañera de vida que elegí, Martita, la capitana de este barco, tiene mucho que ver con todo esto, con el equilibrio de la familia. Es la capitana del barco. Mi prioridad por sobre cualquier cosa en mi vida es mi tribu. Me gustaría que mis nietos hereden ese concepto de tribu.
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