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“Las organizaciones que perduran son las que crecen haciendo crecer a los demás”
- El consultor internacional Xavier Marcet disertó en Fundación OSDE sobre management humanista y aseguró que "liderar es servir y no servirse".
- En la charla, planteó que el verdadero desafío de las empresas es combinar humanismo con exigencia, sin caer en el "buenismo".
En una conferencia de la Fundación OSDE, Xavier Marcet abordó el Management Humanista: la estrategia son las personas.
Xavier Marcet tiene una manera directa de explicar el management que escapa de las fórmulas prefabricadas. Durante una conferencia organizada por Fundación OSDE, el consultor internacional especializado en estrategia, innovación y liderazgo organizacional expuso sobre poner a las personas en el centro de las decisiones empresariales. No como una declaración de buenas intenciones, sino como una condición para construir organizaciones competitivas, capaces de adaptarse, innovar y perdurar.
La charla, que se realizó en el auditorio de Fundación OSDE, fue titulada Management Humanista: la estrategia son las personas, y moderada por el periodista José del Río. Marcet planteó allí una idea que atravesó buena parte de su exposición: las empresas necesitan resultados, pero también necesitan construir comunidades donde las personas puedan desarrollarse, asumir responsabilidades y encontrar oportunidades para crecer.
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Marcet planteó que el verdadero desafío de las empresas es combinar humanismo con exigencia, sin caer en el "buenismo".
Con más de dos décadas de trayectoria y experiencia junto a más de 600 organizaciones de distintos países, entre empresas, universidades, hospitales y administraciones públicas, Marcet lleva años reflexionando sobre los problemas del liderazgo. Es también autor de libros como Crecer haciendo crecer, Management del sentido común y 100 aforismos sobre liderazgo y management humanista, trabajos en los que aborda una gestión basada en la responsabilidad, la autenticidad y el respeto.
En una de las ideas centrales que expuso en Buenos Aires, desarrolló por qué liderar no equivale simplemente a mandar. El liderazgo aparece cuando la capacidad de influir, inspirar y servir empieza a pesar más que la autoridad formal. Para Marcet, quienes ocupan posiciones de responsabilidad deberían recordar que alguna vez alguien también les dio una oportunidad y, desde ese lugar, generar condiciones para que otros puedan avanzar.
El auditorio Ingeniero Héctor Amorosi, de Fundación OSDE, estuvo colmado para la charla de Marcet.
Ese principio desemboca en uno de los conceptos que mejor resume su mirada: crecer haciendo crecer. Una empresa debería ayudar a crecer a sus clientes, a sus colaboradores, a sus accionistas y también a la sociedad en la que funciona. Y quienes tienen responsabilidades dentro de una organización -dice- deberían evitar convertirse en obstáculos para el desarrollo de otros. Es más: parte de su trabajo consiste precisamente en impulsar a quienes vienen detrás.
Xavier Marcet en Fundación OSDE: crecer y hacer crecer a los demás
“Nuestro trabajo es tirar a la gente para arriba”, sostuvo Xavier Marcet al explicar esa filosofía durante el encuentro en un auditorio colmado. Y agregó una reflexión dirigida a quienes ocupan posiciones de conducción: “Si tú tienes responsabilidad, es porque alguien en un momento determinado de tu vida te dio una oportunidad. Si tú estás arriba, te lo has ganado. Disfrútalo. Da oportunidades a los demás”.
Xavier Marcet es consultor internacional especializado en estrategia, innovación y liderazgo organizacional.
Para Marcet, un buen líder tampoco debería sentirse imprescindible y formar personas capaces de reemplazarlo es una señal de fortaleza y no una amenaza. Quienes ponen techo al crecimiento de los que trabajan con ellos terminan limitando a toda la organización. Las empresas que perduran, en cambio, son aquellas capaces de desarrollar continuamente nuevo talento.
Esta mirada humanista no supone dejar de lado los objetivos económicos. Al contrario. Marcet fue especialmente enfático al marcar que una organización necesita ser sustentable y competitiva, y que una empresa debe ganar dinero para poder sobrevivir. La diferencia está en la manera de hacerlo.
“Hay que ganar dinero, pero no de cualquier modo”, fue uno de los conceptos centrales que desarrolló Xavier Marcet.
“Hay que ganar dinero, pero no de cualquier modo”, explicó. Para el consultor, confundir humanismo con falta de exigencia es uno de los errores más habituales. “El humanismo es muy exigente. Es cuidar y es exigir. El buenismo es tolerar lo que es intolerable”.
De allí surge otro de los pilares de su propuesta: combinar empatía y exigencia. Las organizaciones necesitan cuidar a las personas, pero también establecer responsabilidades, pedir resultados y enfrentar los problemas cuando aparecen. El liderazgo humanista no evita las conversaciones incómodas ni las decisiones difíciles. Las afronta preservando siempre la dignidad de quienes participan.
Liderar es servir, no servirse del poder
Otro concepto que atravesó la conferencia fue la relación entre liderazgo, servicio y poder. Para Marcet, tomar decisiones forma parte de la responsabilidad de quien conduce, incluso cuando existen dudas o temor. El líder no utiliza su posición para reforzar su propio protagonismo: la utiliza para servir a la organización y a las personas que forman parte de ella.
Xavier Marcet junto al periodista José del Río y Martín Pochat, Presidente Grupo OSDE, y Cristian García Sarubbi, Director General Grupo OSDE.
Ese cambio de perspectiva también modifica la relación entre autoridad y liderazgo. Mandar puede ser necesario en determinadas circunstancias y dentro de cualquier organización existen distintos grados de experiencia y responsabilidad. Pero liderar significa algo más que dar órdenes.
“Tú empiezas a liderar el día que tu verbo influir pesa más que tu verbo mandar”, afirmó Marcet. Esa influencia, explicó, surge de la forma de actuar, de transmitir ideas y fundamentalmente del ejemplo.
En ese punto aparece otro elemento indispensable: el respeto. “Los líderes son gente que básicamente tienen que ser el gran antídoto contra la autocomplacencia. El management humanista es equilibrio y respeto. No necesitas más. No hace falta ponerle 25 adjetivos. Ponle los que quieras, pero respeto es lo máximo. Y el respeto se mantiene siempre, incluso cuando tienes una conversación difícil”, sintetizó.
Menos burocracia y más capacidad de escuchar
La defensa de las personas también alcanza la manera en que se estructuran las compañías. Frente a organizaciones cargadas de procedimientos, reuniones y comités, Marcet reivindica la sencillez como herramienta de gestión.
Su planteo consiste en saber gestionar la complejidad sin aumentarla. Crear estructuras, reuniones o instancias de decisión puede resultar sencillo; lo verdaderamente difícil es identificar qué puede eliminarse para que la organización funcione mejor. En ese sentido, Marcet sostuvo que la capacidad de simplificar es una competencia central del management. “Lo más difícil es ser sencillo. Para sofisticar sirve cualquiera”, señaló.
"Nuestro trabajo es tirar a la gente para arriba", dijo Marcet. El público se llevó varios conceptos de su trabajo en management.
“La forma en que te vaya bien en la vida es tu forma de estar en las reuniones. Con tres reglas. Primero, hazte un esquema antes de hablar. La comunicación consiste en no tener la necesidad de decirlo todo. Dos, no repitas nunca algo que se haya dicho. Y tres, habla menos de lo que la gente espera que hables”, añadió.
“Pocas palabras y mucho silencio”, recomendó. Una actitud que supone mirar los datos, pero también a las personas, a los clientes y a aquello que sucede fuera de los informes y los tableros de control.
Xavier Marcet, Fundación OSDE y el desafío de la inteligencia artificial
La transformación tecnológica ocupó otro lugar central de la conversación. Para Xavier Marcet, el avance de la inteligencia artificial plantea una oportunidad extraordinaria, pero también obliga a las organizaciones a preguntarse qué decisiones quieren delegar en las máquinas y cuál seguirá siendo el espacio esencialmente humano. “Hay inteligencia artificial, pero no hay sabiduría artificial”, aseguró Marcet.
A medida que las herramientas tecnológicas adquieren mayor capacidad para procesar información y tomar determinadas decisiones, las organizaciones necesitarán reforzar aquello que Marcet define como inteligencia moral. Es decir, la capacidad de evaluar para qué se utiliza la tecnología, cuáles son sus consecuencias y de qué manera puede contribuir al desarrollo de las personas.
Para el consultor, el objetivo es lograr que la inteligencia artificial potencie a las personas en lugar de disminuirlas. Ese desafío también alcanza especialmente a los jóvenes: en un escenario en el que la experiencia puede convertirse en criterio para utilizar mejor las nuevas herramientas, las empresas y los sistemas educativos deberán encontrar maneras de incorporar y formar a las nuevas generaciones.
“El criterio es lo que te permite que la inteligencia artificial te funcione bien. Entonces, ¿qué pasa? En el mundo digital dejábamos fuera a la gente mayor, que no era capaz de empezar a utilizar determinados programas. En el mundo de la inteligencia artificial estamos dejando fuera a los jóvenes, porque no tienen experiencia que puedan convertir en criterio”, sentenció.
Competitividad, bondad y una organización de la que sentirse orgulloso
Marcet tampoco elude una palabra fundamental para cualquier empresa: competitividad. Una organización necesita generar valor económico de manera sostenida. Sin resultados no existe continuidad posible y, por lo tanto, tampoco existe capacidad para desarrollar personas, innovar o aportar a la sociedad.
Pero el resultado económico, según su planteo, no alcanza para convertir a una compañía en referente. “Una empresa que sea referente necesita ganar dinero y algo más”, sostuvo durante la conferencia.
Ese “algo más” aparece vinculado con otra palabra poco habitual en el vocabulario tradicional del management: bondad. Marcet plantea que trabajar junto a buenas personas genera orgullo, respeto e inspiración, y que los verdaderos referentes profesionales no deberían definirse únicamente por su capacidad de conseguir resultados.
“Tú tienes que ser competitivo porque tú tienes que ganar dinero. Si no, vas a cerrar. Tienes que hacerlo con gente de la que te sientas orgulloso porque son buena gente. Los grandes profesionales son gente que son buena gente. Estos son los referentes”, cerró.
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