Ubicada en una calle de Nueva York, la estructura parece a simple vista un contenedor de basura comercial, pero en su interior fue transformada para permitir estancias cortas. El artista Gregory Kloehn compró el contenedor por 2000 dólares y trabajó durante aproximadamente seis meses para convertirlo en un espacio habitable.

La construcción incluye suelo de madera, una cocina, una cama y un baño oculto, además de otros elementos que permiten aprovechar cada centímetro disponible. También transformó el tejado en una terraza, una solución que suma un espacio exterior sin ampliar la superficie que ocupa la estructura en el suelo.

Desde el exterior, con la tapa cerrada y las aberturas ocultas detrás de las paredes metálicas, pocos detalles permiten advertir que el contenedor fue preparado para albergar a una persona.

Un techo móvil que cambia por completo el interior

Una de las principales características del proyecto es el techo móvil. Al levantarlo, queda expuesta una franja de ventanas que permite aumentar la entrada de luz y ventilación. Además, la apertura eleva la altura interior y facilita que Kloehn pueda permanecer de pie.

La lluvia, las temperaturas y la exposición a la calle condicionan el confort dentro del espacio. (Foto: Click Petroleo e Gas)

Cuando el techo vuelve a bajar, las ventanas quedan ocultas y la estructura recupera el aspecto de una caja cerrada. El sistema permite mantener la apariencia de un contenedor convencional, aunque también implica una limitación: la ventilación y buena parte de la iluminación natural dependen de que la cubierta permanezca abierta.

El mecanismo, además, debe utilizarse en un lugar donde pueda elevarse de manera segura. La lluvia, las temperaturas y la exposición a la calle condicionan el confort dentro del espacio.

Una cocina y un baño escondido en pocos metros

El interior fue diseñado para que cada elemento cumpla más de una función. Durante el día, la zona central funciona como sala de estar y, por la noche, el sofá se transforma en cama. El baño permanece escondido debajo de uno de los asientos. Cuando no se utiliza, el compartimento se cierra y se integra con el mobiliario para liberar espacio de circulación.

La cocina ocupa uno de los laterales y cuenta con fregadero, encimera y una cocina compacta, además de espacios para guardar alimentos y objetos. El suelo de madera y el aislamiento de las paredes ayudan a reducir el aspecto industrial de la estructura metálica.

El sistema permite mantener la apariencia de un contenedor convencional. (Foto: Click Petroleo e Gas)

Como no había espacio suficiente para incorporar todas las instalaciones en el interior, la ducha y la parrilla fueron ubicadas afuera. Esto permite liberar superficie dentro del contenedor, aunque también reduce la privacidad y hace que su utilización dependa de las condiciones del lugar.

El sistema cuenta con un depósito de aproximadamente 23 litros de agua, destinado a abastecer el lavabo, el baño y la ducha exterior. La capacidad permite cubrir necesidades básicas durante una estancia corta, pero obliga a rellenarlo con frecuencia si se utilizan varias instalaciones.

Una terraza sobre el techo

La parte superior del contenedor puede funcionar como una pequeña terraza cuando el techo está en la posición adecuada. La solución permite sumar un espacio abierto sin aumentar la superficie ocupada por la estructura. Los 2000 dólares pagados por Kloehn corresponden únicamente a la compra del contenedor. La adaptación posterior requirió materiales, herramientas e instalaciones.

El proyecto fue concebido como un experimento artístico y como una vivienda ocasional para las estancias de Kloehn en Nueva York, no como una residencia permanente. Sus limitaciones de espacio, ventilación, agua, alcantarillado y ubicación dificultan un uso prolongado.