El proyecto PP Argento (Petróleo Pirolítico Argento), impulsado por docentes y estudiantes de la Escuela de Educación Técnica N° 5 “Dos de Abril” de Temperley, logró transformar residuos plásticos en combustible mediante un proceso de descomposición química con calor. La iniciativa surgió a partir de la inquietud de un alumno y fue tomando forma hasta conseguir poner en marcha una motocicleta con combustible producido en el propio taller.

Para Pablo Enjo, docente de Química y Reconocimiento de los Materiales, el proyecto representa mucho más que un desarrollo tecnológico. La experiencia puso a los estudiantes frente a un problema ambiental actual y les permitió atravesar un proceso de investigación, ensayo y error en el que el vínculo entre docentes y alumnos también se transformó. “Para nosotros es un orgullo inmenso y una reivindicación profunda de lo que representa la educación pública y técnica en nuestro país”, contó en diálogo con Clarín.

Cómo surgió el proyecto

PP Argento nació de una pregunta que un estudiante que ya había egresado le hizo a Enjo a la salida de un concurso de innovación tecnológica: si era posible hacer petróleo a partir de residuos plásticos. La inquietud quedó dando vueltas y, junto con Antonio Cuella, profesor de Electromecánica, comenzaron a investigar cómo tornar esa idea en un proyecto para trabajar en las aulas con los alumnos de cuarto año.

La respuesta apareció en la pirólisis térmica, un proceso que permite transformar determinados plásticos a altas temperaturas y obtener un líquido destilado. Pero llevar a la practica ese concepto en el taller estuvo lejos de ser sencillo.

Orzuza y Ottaviano colocan un sellador de alta temperatura para reallizar la pirólisis.

El grupo que buscó llevar a cabo esta técnica estaba conformado por los alumnos Joaquín Magis, Bautista Orzuza, Alejo Ottaviano, Ignacio Moreira de Luca y Joaquín Centurión. "El equipo tuvo que resolver problemas de control de temperatura, estanqueidad, quemadores y tratamiento de gases. En uno de los primeros ensayos, la temperatura superó los 520°C, se solidificaron ceras y falló una junta de caucho", recordó Enjo.

Ese intento fallido les sirvió como una instancia de aprendizaje. La experiencia fue detenida bajo protocolo de seguridad y los estudiantes participaron del análisis de las fallas y del rediseño del reactor. El trabajo involucró conocimientos de química, electromecánica, tornería y soldadura. Para Enjo, la autoridad docente no pasa por imponer respuestas, sino por acompañar a los alumnos en la incertidumbre y hacer las preguntas que permitan encontrar una solución.

El momento decisivo llegó después de meses de pruebas. Cuando lograron cargar el combustible sintético producido por los propios estudiantes en un motor y hacerlo funcionar en una moto de 150 cc. "Fue un momento inolvidable y uno de los puntos de inflexión más importantes de todo el proceso. Ahí cobró sentido todo el esfuerzo, la investigación, el diseño técnico y el trabajo metódico", relató Enjo. Los detalles del paso a paso de este proyecto se pueden encontrar en @ppargento5 en Instagram.

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Según contó Enjo, es el momento en el que se dieron cuenta que toda la investigación y el esfuerzo valieron la pena.

La búsqueda de escalar el proyecto a otras escuelas

Además de la dimensión ambiental, Enjo destaca el impacto que la experiencia tiene sobre los estudiantes. El proyecto les permite adquirir competencias vinculadas con el mecanizado y la metrología, la termodinámica, la mecánica de fluidos, la gestión de proyectos, la logística y el análisis de fallas. También aprenden a redactar informes técnicos y defender sus ideas frente a organismos científicos y gubernamentales.

El siguiente desafío es lograr que PP Argento pueda salir de la escala de taller. Para eso, según Enjo, se necesita apoyo económico, articulación institucional y vínculos con empresas y organismos estatales. El proyecto ya despertó interés fuera de la escuela. Según contó, recibió acercamientos de actores de la industria y una invitación de Axion Energy para visitar su refinería de Campana.

El docente imagina una red de escuelas técnicas a las que pueda llevarse el reactor para capacitar a estudiantes y docentes, con la posibilidad de que cada institución construya el suyo. La intención es multiplicar la tecnología desde las aulas y, al mismo tiempo, fortalecer la educación técnica y generar nuevas respuestas frente al problema de los residuos plásticos.

Joaquín Magis muestra el gas de síntesis obtenido al director Sandro Amiel.

Para Enjo, la continuidad de estas iniciativas demuestra que una escuela pública puede convertirse en un espacio de investigación aplicada y que, con rigor científico, acompañamiento docente y trabajo colectivo, los estudiantes pueden transformar un residuo en energía y un problema ambiental en una oportunidad de desarrollo.