Durante 16 años, Valter Fonseca dos Santos vivió en las calles de Patos de Minas, en el estado brasileño de Minas Gerais. Sin una casa ni un sitio propio donde estudiar, encontró en los bancos de las plazas el espacio para prepararse durante cuatro meses para una oportunidad que podía cambiar su situación.
El esfuerzo tuvo un resultado inesperado: obtuvo 26 puntos sobre un máximo de 30 y terminó primero en un concurso para trabajar como sepulturero en la municipalidad. Otros 21 candidatos se habían presentado para cubrir las tres vacantes disponibles.
La historia fue recuperada en agosto de 2026 por Click Petróleo e Gás, a partir de una cobertura publicada originalmente por Correio Braziliense en 2015. El caso volvió a circular por el contraste entre las condiciones en las que Valter estudió y el resultado obtenido en la evaluación.
Tras vivir 16 años en las calles, un indigente consiguió empleo como sepulturero y logró tener su propio hogar. Foto: Redes Sociales
Originario de Ilhéus, en el estado de Bahía, Valter había viajado hacia Minas Gerais buscando mejores condiciones de vida. Sin embargo, las dificultades para conseguir un empleo estable terminaron por dejarlo sin una residencia permanente durante buena parte de su estadía en Patos de Minas.
Una de las oportunidades laborales que encontró fue en una plantación de tomates. El empleo estaba condicionado por la temporada de cosecha y terminó cuando concluyó esa etapa de producción. Después, los trabajos ocasionales se convirtieron nuevamente en su principal fuente de ingresos.
Cuatro meses de estudio en los bancos de las plazas
La posibilidad de concursar por un puesto municipal apareció a través del Centro de Referencia Especializado de Asistencia Social (Creas). Allí, Valter recibió el incentivo para inscribirse y comenzó una preparación adaptada completamente a las condiciones en las que vivía.
Sin una habitación, escritorio o biblioteca propios, utilizaba bancos de plazas y otros espacios públicos para estudiar. Durante aproximadamente cuatro meses repasó allí los contenidos exigidos mientras continuaba viviendo en la calle y dependiendo de empleos temporarios.
Cuando llegó el examen, el resultado lo colocó por encima del resto. Valter respondió correctamente lo suficiente para alcanzar 26 de los 30 puntos posibles, una calificación que le permitió quedarse con el primer puesto entre los 22 participantes de la selección.
La aprobación significaba algo más que obtener un empleo
En los años anteriores había alternado tareas agrícolas y trabajos ocasionales, sin la estabilidad económica necesaria para mantener una vivienda. El puesto municipal representaba, por primera vez en mucho tiempo, la perspectiva de contar con un ingreso regular y beneficios laborales.
Según la información difundida entonces, el cargo de sepulturero ofrecía un salario de 805,18 reales, además de vale de alimentación, transporte y cobertura médica. Después de conocerse la clasificación, Valter debía esperar la convocatoria oficial de la Municipalidad de Patos de Minas.
Su primera prioridad ya estaba definida. Tras 16 años sin una vivienda estable, pretendía destinar su primer sueldo al alquiler de una casa. La posibilidad de tener un domicilio propio aparecía directamente ligada a aquella preparación realizada durante meses en los mismos espacios públicos donde había transcurrido buena parte de su vida.
Así, una prueba de 30 puntos terminó representando mucho más que una clasificación laboral. Para Valter, obtener el primer lugar significaba la oportunidad de reemplazar los trabajos ocasionales por un empleo estable y, finalmente, transformar un salario municipal en algo que durante años había permanecido fuera de su alcance: un lugar al que poder llamar hogar.
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