Fútbol después de la escuela, inglés al día siguiente, música, danza o algún otro deporte para completar la semana. Las actividades extracurriculares forman parte de la rutina de muchos chicos, pero una investigación plantea que también puede ser importante reservar espacios en los que ningún adulto haya decidido previamente qué deben hacer.

Un estudio publicado en Frontiers in Psychology encontró una relación entre pasar más tiempo en actividades menos estructuradas y un mejor desempeño en una habilidad particular: las funciones ejecutivas autodirigidas, aquellas que permiten establecer objetivos y decidir cómo alcanzarlos sin instrucciones externas constantes.

La investigación fue realizada por Jane E. Barker, Andrei Semenov, Laura Michaelson, Lindsay Provan, Hannah Snyder y Yuko Munakata, de la Universidad de Colorado Boulder y la Universidad de Denver.

El estudio que analizó el tiempo de los chicos

Los investigadores trabajaron con 70 chicos de 6 y 7 años. Sus padres debían proporcionar información detallada sobre cómo habían utilizado su tiempo durante la semana anterior.

Las colonias de verano en San Isidro arrancan el 2 de enero en siete campos de deportes municipales. Las actividades son para chicos de 4 a 17 años.

Además, informaron las actividades que sus hijos realizaban habitualmente o de manera estacional. Los científicos clasificaron después esas experiencias según el grado de estructura que tenían.

Entre las actividades estructuradas incluyeron aquellas organizadas y supervisadas principalmente por adultos, como clases de música, deportes organizados, actividades religiosas y tareas escolares. Las menos estructuradas incluían, entre otras, el juego libre, la lectura, dibujar y diferentes actividades espontáneas.

Las actividades extracurriculares forman parte de la rutina de muchos chicos, pero una investigación plantea que también puede ser importante reservar espacios en los que ningún adulto haya decidido previamente qué deben hacer.

La diferencia fundamental no estaba necesariamente en qué hacía el chico, sino en quién establecía los objetivos y determinaba cómo utilizar el tiempo.

Qué ocurre cuando nadie decide qué hacer

Las funciones ejecutivas son un conjunto de habilidades que permiten planificar, mantener la atención, recordar instrucciones, controlar impulsos y modificar una estrategia cuando deja de funcionar.

Pero Barker y sus colegas estaban interesados en una dimensión particular. En muchas situaciones, el objetivo llega desde afuera. Un entrenador indica qué ejercicio realizar; un profesor establece una tarea y un adulto explica qué debe hacerse a continuación.

Durante una actividad menos estructurada ocurre algo diferente: el propio chico puede tener que decidir qué quiere hacer, cómo comenzar y cuándo cambiar de actividad. Los investigadores plantearon que esas situaciones podrían ofrecer oportunidades para practicar funciones ejecutivas autodirigidas.

La prueba para medir la capacidad de decidir solos

Para evaluar esa habilidad utilizaron una tarea de fluidez verbal. Los chicos debían mencionar palabras pertenecientes a determinadas categorías. Para continuar produciendo respuestas necesitaban organizar por sí mismos la búsqueda mental y decidir cuándo abandonar una estrategia y comenzar otra.

El resultado mostró que los chicos que pasaban proporcionalmente más tiempo en actividades menos estructuradas presentaban un mejor desempeño en la función ejecutiva autodirigida. En sentido contrario, una mayor proporción de actividades estructuradas estuvo asociada con un desempeño inferior en esa medición específica.

Los investigadores comprobaron además diferentes formas de clasificar las actividades y encontraron un patrón similar.

¿Significa que hay que abandonar fútbol o música?

Los autores señalaron que las actividades estructuradas pueden ofrecer otros beneficios y que existen investigaciones en las que programas organizados se relacionaron con mejoras en determinadas capacidades ejecutivas.

El planteo es diferente: una agenda en la que los adultos establecen permanentemente los objetivos puede ofrecer menos oportunidades para que los chicos practiquen cómo establecerlos por sí mismos.

Una tarde sin clases tampoco equivale necesariamente a no hacer nada. Puede significar decidir entre leer, inventar un juego, dibujar, salir al jardín o cambiar varias veces de actividad.