Hay personas que desde muy chicas estuvieron acostumbradas a cuidar a sus hermanos menores: prepararles algo para comer, ayudarlos con las tareas, acompañarlos cuando los padres no estaban o estar atentos a sus necesidades.
Ese tipo de experiencias puede dejar una huella en la manera en que una persona se relaciona con los demás y enfrenta las responsabilidades. En algunos casos, quienes tuvieron ese rol parecen desarrollar una autonomía y una capacidad de organización poco habituales para su edad.
La psicología estudia este fenómeno dentro de las dinámicas familiares y utiliza conceptos como cuidado entre hermanos y, cuando las responsabilidades exceden lo esperable para la edad, parentificación.
Cuando un niño aprende a cuidar antes de tiempo
Un estudio publicado en Social Science Research analizó el cuidado de hermanos menores durante la adolescencia a partir de datos representativos de Estados Unidos y encontró que este tipo de tareas forma parte de la vida cotidiana de muchas familias.
El mismo trabajo detectó que el cuidado no se reparte igual: los adolescentes tienden a cuidar más a hermanos del mismo sexo, y las mujeres asumen ese rol con más frecuencia que los varones.
Cuidar al hermanito.
Otros trabajos sugieren que hacerse cargo de un hermano menor puede favorecer el desarrollo temprano de ciertas habilidades asociadas con la madurez. Sin embargo, cuando esta responsabilidad va más allá de lo que corresponde a su edad o no cuenta con el respaldo de los adultos, puede tener consecuencias negativas.
Una investigación publicada en Frontiers in Psychiatry analizó la parentificación entre hermanos y encontró una asociación entre este fenómeno y un mayor malestar psicológico, además de vínculos de menor calidad con los padres. El estudio también señaló que el apoyo social y una relación positiva con los progenitores pueden reducir parte de estos efectos.
Qué beneficios implica esta experiencia
- Aprenden rápido a ser responsables. Cuidar a un hermano menor implica recordar horarios, anticipar necesidades y estar pendiente de otra persona. Esa experiencia puede acelerar el desarrollo de hábitos de responsabilidad.
- Desarrollan autonomía. Cuando un chico tiene que resolver pequeñas situaciones por sí mismo, aprende a tomar decisiones sin depender todo el tiempo de un adulto. Esa autonomía puede acompañarlo en el futuro.
- La empatía puede ocupar un lugar importante. Estar atento a un hermano obliga a reconocer emociones, necesidades y estados de ánimo ajenos. Con el tiempo, esa experiencia puede favorecer una mayor sensibilidad hacia otras personas.
- Resuelven problemas cotidianos. Desde calmar una discusión hasta encontrar una solución cuando algo sale mal, el cuidado de un hermano ofrece situaciones en las que hay que actuar sobre la marcha y buscar alternativas.
La responsabilidad de cuidar. Foto: Magnific.
- También pueden asumir un rol de guía. Tomar decisiones respecto de un hermano menor implica, en determinadas situaciones, orientar y organizar a otra persona. Esa experiencia puede formar parte del aprendizaje de asumir responsabilidades.
Los especialistas aclaran que estos beneficios suelen darse cuando el cuidado es ocasional y cuenta con el respaldo de los adultos. Cuando un niño asume casi por completo la crianza de un hermano, la experiencia puede volverse una carga. La diferencia entre una cosa y la otra no está en el gesto de cuidar, sino en cuánta responsabilidad recae sobre alguien que todavía está creciendo.
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