José Antonio Marina no entiende el optimismo como la idea de que todo irá bien por sí solo. En su pensamiento aparece más bien como una actitud práctica: creer que una situación puede mejorar y ponerse a trabajar para conseguirlo.

Esa es la perspectiva desde la que lanzó la frase “Todos vivimos gracias a los optimistas”, recogida en una entrevista publicada por Canarias7 a propósito de su libro La vacuna contra las adicciones.

La afirmación encaja con algo que Marina lleva años defendiendo. En otra entrevista, esta vez concedida a El Cultural, le preguntaron por qué el pesimismo conserva tanto prestigio intelectual. Su respuesta fue contundente: “Todo lo bueno que tenemos lo han conseguido optimistas”. Ejemplo de ello son la abolición de la esclavitud, el voto universal o la seguridad social, entre tantos otros.

La idea, entonces, no es mirar la realidad con anteojos de color rosa. Es exactamente al revés: reconocer los problemas pero negarse a transformarlos en destinos inevitables. Marina ha insistido en que el pesimismo puede convertirse en una forma cómoda de inteligencia aparente: quien anuncia de antemano que algo fracasará nunca corre el riesgo de equivocarse intentando cambiarlo.

Ese planteamiento también aparece en su preocupación por la tecnología y la educación. En la misma entrevista lanzó otra frase que resume bien su diagnóstico: “Vivimos intoxicados de comodidad intelectual”. Su crítica apunta a una sociedad en la que las herramientas digitales facilitan tanto la obtención de respuestas que corremos el riesgo de dejar de hacer el esfuerzo previo de pensar.

Marina es filósofo español y autor de La vacuna contra las adicciones (Ed. Ariel). Foto: Instagram/@elpanoptico.

Años antes, durante una entrevista sobre educación, ya había expresado algo parecido desde otra perspectiva: “El pesimismo se aprende”. Su conclusión era que, si determinadas actitudes pueden adquirirse, también se puede educar el optimismo, la resiliencia y la capacidad para afrontar los fracasos.

Marina incluso ha trasladado esa idea al oficio docente. Durante una conversación de La Charleta, recordó que a los profesores debería suponérseles optimismo porque trabajan precisamente sobre la posibilidad de que las personas aprendan y mejoren. “Creemos en la perfectibilidad de todos los seres humanos”, explicó entonces.

Su defensa del optimismo tampoco significa negar la estupidez, el miedo o los errores colectivos. Buena parte de su obra se dedica justamente a estudiarlos. Lo que propone es no convertirlos en excusas para la resignación.

Su defensa del optimismo no significa negar la estupidez, el miedo o los errores colectivos. Foto: Facebook.

Por eso su frase tiene más profundidad de la que parece. Cuando Marina afirma que “todos vivimos gracias a los optimistas”, está hablando de personas que alguna vez imaginaron una solución que todavía no existía. Los derechos, avances políticos, descubrimientos y mejoras sociales que hoy parecen normales tuvieron antes que superar una primera barrera: alguien diciendo que eran imposibles.