Thiago Lacerda decidió darle un nuevo uso a la finca Riad, la propiedad de su familia ubicada en Petrópolis, en la región montañosa de Río de Janeiro. Durante la pandemia, el actor y su esposa, Vanessa Lóes, comenzaron a pasar más tiempo allí y encontraron una oportunidad para aprovechar de otra manera los 3000 m² del terreno: iniciar el cultivo de lúpulo.

La idea no surgió inicialmente como un proyecto cervecero. La finca era utilizada por la familia como un lugar de contacto con la naturaleza y para producir alimentos destinados al consumo propio. El cambio en la rutina hizo que empezaran a pensar en una actividad que permitiera aprovechar el espacio disponible y darle una función económica.

Thiago Lacerda es un actor brasileño de 48 años. (Foto: Instagram @trlacerda)

Según una publicación de Terra, Lacerda y Lóes comenzaron a cultivar lúpulo en la propiedad en 2022. Dos años después, el proyecto avanzó hacia la elaboración de una cerveza artesanal en colaboración con el maestro cervecero Leonardo Botto.

El cultivo que cambió el uso de la finca

La elección del lúpulo permitió vincular directamente la actividad desarrollada en la propiedad con la producción de cerveza. La planta es uno de los ingredientes utilizados en la elaboración de esta bebida y, en el caso de Riad, se convirtió en el punto de conexión entre el trabajo sobre la tierra y un producto terminado.

El cultivo también modificó la identidad de la finca. Sin abandonar su utilización familiar, el terreno comenzó a tener una actividad rural definida. Lo que hasta entonces había estado relacionado principalmente con la naturaleza y el consumo propio pasó a incluir una producción con un destino específico.

El proyecto se desarrolló en una superficie relativamente pequeña, pero con una finalidad concreta. La intención fue aprovechar un área existente y sumar una actividad que pudiera integrarse posteriormente con otra etapa de producción.

La asociación con un maestro cervecero

El siguiente paso llegó en 2024, cuando Lacerda se asoció con Leonardo Botto para lanzar una cerveza artesanal. La incorporación del maestro cervecero permitió llevar la iniciativa desde el cultivo hacia la elaboración de la bebida.

La producción cervecera requiere conocimientos específicos para definir la formulación, equilibrar los ingredientes y desarrollar el proceso de elaboración. Por eso, la colaboración con Botto agregó una instancia especializada a un proyecto que había comenzado con una actividad agrícola.

Así, la finca dejó de ser solamente el lugar donde se cultivaba una planta utilizada en la fabricación de cerveza. El proyecto pasó a relacionar directamente el terreno con una bebida elaborada posteriormente junto a un profesional del sector.

La finca era utilizada por la familia como un lugar de contacto con la naturaleza. (Foto: Click Petroleo e Gas)

El recorrido familiar permitió conectar una propiedad familiar de 3000 m² con dos actividades diferentes: la agricultura y la producción cervecera. El lúpulo funcionó como el vínculo entre ambas y permitió que una iniciativa que comenzó en el campo avanzara hasta convertirse en un producto final.

La finca conservó su relación con la naturaleza y su utilización por parte de la familia, pero incorporó una nueva función. En apenas dos años, el proyecto pasó del cultivo iniciado por Lacerda y Lóes a una cerveza artesanal desarrollada junto a Leonardo Botto.