En 1992, cuando Jorge Ginevra adquirió las primeras tierras en una licitación pionera a tres años de la creación de Puerto Madero, la zona era un sector periférico, sin normativa ni infraestructura.
“Fue la primera licitación que se hizo, nacional e internacional, y fuimos los únicos oferentes”, repasa Alejandro Ginevra, presidente de GNV Group.
Hoy, uno de los barrios más jóvenes de la ciudad cumple 37 años y, en la plenitud de su completamiento, el área del Dique 1 consolida la etapa final de su tejido urbano.
Aquella apuesta inicial dio origen a lo que hoy es el Distrito Madero Harbour, un emprendimiento de GNV Group que abarca 80.000 m2 de terreno y proyecta medio millón de m2 construidos.
En la actualidad, tiene seis edificios finalizados: cuatro torres corporativas de la marca World Trade Center y las torres Harbour Residences y Harbour House, además de una propuesta de locales, restaurantes, supermercado y el único helipuerto en altura de la ciudad.
A esta infraestructura se le suma el desarrollo en marcha de tres nuevas piezas: Osten Tower I, Osten Tower II y Harbour Tower. Todos los edificios, excepto Harbour Tower que lleva la firma de Carlos Ott en el diseño, fueron proyectados por el estudio PfZ Arquitectos.
El cierre del conjunto se dará con la ejecución de un paseo comercial a cielo abierto, consolidando una inversión total de US$ 750 millones.
Un masterplan dinámico
“Mi padre fue un visionario porque nadie confiaba entonces. Yo le preguntaba por qué en esa zona, que era la menos conocida. Me mostró un planito y me dijo: es la parte más ancha, donde se puede hacer un megaproyecto y por donde van a bajar las autopistas. Tenía razón: con el correr de los años, el Dique 1 se transformó en el sector más importante de Puerto Madero”, sigue Ginevra.
En la charla, recuerda la negociación con el Gobierno de la Ciudad para obtener la normativa para los usos requeridos. “Además, tuvimos que hacer las calles y ejecutar las obras de infraestructura”, agrega el desarrollador.
El masterplan dialoga de forma directa con el agua, integrando las vistas hacia la ciudad y el río.
También destaca de aquella primera época el edificio Malecón, proyectado a fines de los 90 por el estudio estadounidense HOK International LTD y Aisenson Arquitectos. La obra ganó el Gran Premio Bienal de Arquitectura SCA CPAU en el año 2000 y el Top Team Award 2002 de la American Institute Of Architects (AIA).
La muerte de Jorge Ginevra en 2002 derivó en una reestructuración accionaria que duró cerca de 25 años. Para financiar esa consolidación y sostener el proyecto, Alejandro vendió parcelas. “Arranqué con el 5% de la compañía y hoy tenemos el 100%”, señala.
A lo largo de más de tres décadas, el planteo de la macromanzana fue mutando, quizá también al compás de la macroeconomía. “Pasó por muchas versiones”, revela Ginevra.
“Originalmente la idea de mi padre era hacer un gran World Trade Center, un mart de importaciones y exportaciones con centro de convenciones y hotel, un concepto que vio en Taipei. Después pensamos en un mega centro de entretenimiento con 40 salas de cine, e incluso en un momento pareció que se iban a permitir los casinos en la Ciudad”.
Siempre la idea rectora fue un proyecto de usos mixtos, pero esa mixtura fue evolucionando. “El ancla, sin embargo, siempre fue un área comercial estructurante”, define Ginevra.
Para darle cuerpo al emprendimiento, la compañía convocó desde sus inicios a PfZ Arquitectos, estudio con amplia trayectoria en arquitectura comercial y desarrollos urbanos. “Nosotros habíamos trabajado con Juan Carlos López en los orígenes del predio, donde también se pensó aquel primer mart de comercio exterior”, señala Juan Pfeifer.
“Cuando fundamos el estudio, la familia Ginevra nos convocó para empezar la factibilidad”, agrega el socio de PfZ Arquitectos junto a Eduardo Di Clérico, Walter Pfeifer y Amelia Qüesta.
Arquitectura de autor
“Para la selección de profesionales llamamos a licitación entre cuatro o cinco firmas de primer nivel”, argumenta Ginevra.
“Contratamos al estudio que presente la mejor propuesta integral. En el caso de los estudios internacionales, siempre los asociamos con una contraparte técnica local o lo hacemos con nuestro equipo interno de proyectos, liderado por la arquitecta Julieta Steinmann”.
Así surgió Harbour Tower, una torre residencial de 194 metros de altura proyectada por Carlos Ott junto a Urgell-Penedo-Urgell.
La foto de Distrito Madero Harbour antes de las últimas tres torres
“Le pedí a Ott algo totalmente distinto y se lo tomó muy en serio. Construir un edificio de casi 200 metros de altura con unidades singulares fue un desafío técnico colosal: tuvimos infinidad de planos de cocinas y puertas, días de viento donde las grúas no podían operar. Es una obra única por diseño y experiencia, con vistas despejadas al río, a los diques y a la Reserva Ecológica”, dice Ginevra.
El interiorismo del Distrito sigue estándares internacionales: “antes el interiorismo o el paisajismo eran aspectos secundarios, hoy juegan un rol central. Para Harbour Tower contratamos al estudio Piana (DPA) porque buscamos que la experiencia sea equivalente a vivir en un hotel”, explica el desarrollador.
En Osten Tower I trabajaron con Hitzig Militello Arquitectos “para imprimirle un carácter dinámico vinculado a la gastronomía y la noche (ellos hicieron el restaurante Osten), mientras que para Osten Tower II volvimos a convocar a Piana para llevar el diseño hacia el bienestar y el wellness”.
La evolución del uso mixto
La concepción arquitectónica de Madero Harbour encarna un paradigma contemporáneo: la integración de diversas funciones en un único centro. Esta noción, que dialoga con los debates actuales sobre la proximidad urbana, se nutrió de referencias globales clave.
“Hace más de 20 años hicimos un viaje a Berlín donde conocimos Potsdamer Platz, masterplanificado por Renzo Piano”, explica Pfeifer. “Ese fue un desarrollo de usos mixtos genuino e inspirador para nosotros. Tomamos esa idea como bandera porque comprendimos que los usos mixtos eran la etapa superadora del shopping center tradicional”.
El proyecto combina usos corporativo, residencial y comercial.
Qüesta destaca la ductilidad del masterplan y agrega que “se proyectó para ser ejecutado por etapas. Se diseñaron volúmenes e infraestructuras con accesos independientes, lo que permitió construir paulatinamente un número importante de edificios cuidando la unidad del conjunto”.
Di Clérico suma que este enfoque significa una reconciliación de la tipología comercial con el espacio público: “Es la evolución de unir la calle con el shopping. Se trata de generar unir las partes, promoviendo el uso peatonal, el encuentro y la vida de barrio. El corazón sigue siendo la actividad comercial, pero entendida como el espacio que hila y da vigor social al conjunto”.
“Madero Harbour ofrece una respuesta distinta. La calle comercial peatonal que estamos diseñando en el corazón de la manzana se va a parecer mucho a la ciudad tradicional porteña", apunta Pfeifer.
Anticipa que estará protegida de las corrientes de aire, rodeada de verde y conectada por una circulación anular con el basamento gastronómico sobre Juana Manso. "No es una caja cerrada que se mira a sí misma, sino un gesto de respeto e integración hacia la trama de la ciudad”, completa.
Paseo comercial a cielo abierto que completa tejido
La consolidación de la propuesta urbana llegará con la construcción del centro comercial peatonal.
“Será un paseo a cielo abierto, orientado a marcas de lujo, sin patio de comidas tradicional y sin tiendas departamentales”, detalla Ginevra.
“Mantuvimos la premisa de que las compras de abastecimiento masivo o indumentaria departamental no son simultáneas con la experiencia de paseo. El nuevo mall conectará ambos extremos del predio con tiendas de doble altura, gastronomía seleccionada y vegetación, creando un microclima urbano contenido”.
A medida que el barrio porteño suma proyectos, el proyecto de GNV Group consolida su rol de articulador. “Distrito Madero Harbour terminó englobando la identidad de todo el Dique 1. Es el resultado de más de 30 años de gestión, desarrollo e infraestructura para darle a la zona una escala peatonal, integrada y abierta a la ciudad”, concluye Ginevra.
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