Exequiel Palacios todavía no había pisado la cancha con la camiseta del Ipswich Town y ya había protagonizado una de las presentaciones más curiosas de su carrera. El mediocampista argentino, campeón del mundo en Qatar 2022, apareció sentado al volante de un tractor, en medio de un campo británico, como parte de la bienvenida que le preparó su nuevo club. La imagen no fue producto del azar ni de una ocurrencia publicitaria aislada: Palacios acababa de convertirse en uno de los nuevos “Tractor Boys”, el histórico apodo del Ipswich.

La escena tiene algo de surrealista para el fútbol argentino: un jugador de la selección, acostumbrado a estadios, concentraciones y grandes ciudades europeas, sentado sobre una máquina agrícola. Pero, al mismo tiempo, la fotografía permite construir un curioso puente entre dos mundos que en Argentina tienen más puntos de contacto de los que parece: el fútbol y el campo.

Our newest Tractor Boy. 🚜 pic.twitter.com/7Xxm5Uo9Rq

— Ipswich Town (@IpswichTown) August 27, 2026

Palacios, de 27 años, nació en Famaillá, Tucumán, una localidad cuya identidad productiva está fuertemente vinculada a la actividad agroindustrial.

Famaillá se encuentra dentro de una provincia en la que la caña de azúcar ocupa un lugar central. El complejo azucarero tucumano tiene unos 150 años de historia y fue uno de los primeros grandes complejos agroindustriales de la Argentina. Actualmente, la actividad azucarera continúa siendo la principal agroindustria de Tucumán, que concentra alrededor del 65% del azúcar producido en el país. Además, buena parte de los ingenios cuenta con destilerías y la provincia es la principal productora nacional de bioetanol.

La propia Famaillá tiene una relación directa con esa actividad. Durante la zafra 2024, el ingenio Famaillá procesó más de 828.000 toneladas de caña y produjo 74.085 toneladas de azúcar, además de elaborar más de 5,3 millones de litros de alcohol.

Pero la agricultura de la zona no termina en la caña. El departamento Famaillá también tiene una presencia importante de citrus. De acuerdo con un relevamiento del INTA, en 2025 concentraba unas 3.801 hectáreas implantadas con cítricos, equivalentes al 9,89% de la superficie citrícola provincial. Tucumán, a su vez, contaba con unas 39.040 hectáreas de citrus en producción.

Así, el futbolista que ahora aparece conduciendo un tractor en Inglaterra proviene de una ciudad inserta en una economía donde el vínculo entre producción primaria, industria, maquinaria y trabajo rural forma parte de la vida cotidiana.

La historia vuelve a cerrarse cuando se mira hacia Ipswich. El apodo del club, “The Tractor Boys”, tiene precisamente raíces agrícolas. Ipswich es la capital del condado de Suffolk, una de las grandes zonas agrícolas de Inglaterra, y durante siglos su economía estuvo estrechamente relacionada con la producción rural y el comercio de sus productos.

Pero existe una conexión todavía más concreta con el tractor. En Ipswich funcionó durante siglos Ransomes, una compañía que llegó a convertirse en uno de los nombres más importantes de la fabricación de maquinaria agrícola británica. Robert Ransome instaló allí una fundición en 1789 y la empresa evolucionó hasta convertirse en Ransomes, Sims & Jefferies, fabricante de maquinaria agrícola que llegó a exportar sus productos a distintos lugares del mundo.

Por eso, el tractor no es simplemente una herramienta utilizada para construir una campaña de marketing del Ipswich Town. Forma parte de la identidad histórica de la ciudad y de su relación con el campo. Suffolk mantiene actualmente una fuerte impronta agroalimentaria: la estrategia económica del condado identifica al sector de alimentos, agricultura y bebidas como uno de sus motores, con 3.500 empresas que emplean a unas 41.200 personas y generan alrededor de 1.600 millones de libras de valor agregado bruto anual.

Los “Tractor Boys” no son solamente futbolistas que corren detrás de una pelota: representan a una ciudad y a una región donde el campo, la producción de alimentos y la maquinaria agrícola forman parte de la identidad económica y cultural.

Y allí aparece otra conexión argentina.

Mucho antes de que Palacios se subiera a un tractor para ser presentado en Inglaterra, otro argentino había convertido esa máquina en un símbolo personal. Javier Zanetti fue conocido durante su carrera como “El Tractor”, un apodo que resumía su potencia, resistencia y capacidad para recorrer la cancha una y otra vez. Su despliegue físico y su extraordinaria regularidad hicieron que la comparación con una máquina agrícola se transformara en una marca registrada.

Zanetti fue, en cierto modo, el primer gran “tractor” argentino del fútbol internacional. No manejaba una máquina: él mismo era comparado con una por su capacidad para trabajar incansablemente durante los 90 minutos.

Palacios, entonces, llega a Ipswich con una historia particular detrás. Es un futbolista nacido en una localidad tucumana atravesada por la caña de azúcar y la agroindustria; desembarca en una ciudad inglesa cuya identidad está históricamente vinculada con la agricultura y la fabricación de maquinaria; y es presentado como uno más de los “Tractor Boys”.

Hay que agregar que en las fotos de la presentación, Palacios aparece acariciando a un caballo de la raza Suffolk Punch, la línea de caballos de tiro más antigua de inglaterra, con raíces en ese condado. Son caballos fuertes, potentes, y de hecho fueron el antecedente del tractor en las labores del campo. En el escudo del club Ipswich Town hay uno de esos caballos.

El fútbol hizo lo que suele hacer con los símbolos: tomó una herramienta de trabajo, la convirtió en un apodo y finalmente la transformó en una imagen capaz de viajar miles de kilómetros. Desde Famaillá hasta Ipswich, pasando por el “Tractor” Zanetti y ahora por Palacios, el campo terminó encontrando una inesperada manera de entrar también en la cancha.