Muchas personas suelen dejar de caminar o reducir su actividad física cuando aparece el dolor en las rodillas. Sin embargo, distintos especialistas advierten que el movimiento, realizado de forma adecuada, puede ser una de las principales herramientas para cuidar esta articulación.

La artrosis en articulaciones es una de las patologías más frecuentes en la población adulta. Según un artículo de la Sociedad Española de Reumatología, afecta aproximadamente al 33,7% de los adultos, y dentro de ese grupo la rodilla es una de las zonas más comprometidas, con una prevalencia cercana al 13,9%. Se trata de una condición que puede generar dolor, rigidez y limitaciones en la movilidad.

El paso del tiempo, lesiones previas o el sedentarismo suelen influir en el deterioro progresivo de esta articulación.

En este contexto, el médico especialista en salud integral, metabolismo y longevidad, Rodrigo Arteaga, propone revisar una idea muy instalada: la de que el reposo absoluto es la mejor estrategia cuando aparece el dolor.

El dolor de rodillas es una de las causas más frecuentes de limitación de la movilidad en adultos. Foto: Shutterstock.

En sus videos en redes sociales, el especialista plantea una mirada diferente al sentido común. “Caminar protege tus rodillas más de lo que crees”, asegura, y aclara que en la mayoría de los casos el problema no es el movimiento, sino la falta de él.

En esa línea, resume su enfoque de manera directa: “El problema no es caminar, es dejar de moverse. Tus rodillas no necesitan que las protejas evitando el movimiento, necesitan que las uses bien”, destacando la importancia de mantener la articulación activa.

El problema es no moverse

“Tu rodilla es una articulación que depende del movimiento para mantenerse funcional. El cartílago que recubre la articulación no recibe sangre directamente, se nutre a través de líquido sinovial”, detalla Arteaga, al referirse a este fluido que actúa como lubricante natural dentro de la articulación.

El movimiento permite que ese líquido circule de manera adecuada. Cada paso genera un proceso de compresión y liberación que favorece el intercambio de nutrientes y la eliminación de desechos.

“Cada paso comprime y libera la rodilla y ese cambio de presión hace que el líquido entre y salga del cartílago, como una esponja, llevando nutrientes y eliminando desechos”, explica.

El sedentarismo y el miedo al dolor suelen llevar a reducir la actividad física, lo que puede afectar la función articular.Foto Shutterstock.

Cuando la actividad física disminuye o se evita caminar durante largos períodos, este mecanismo se enlentece. “Si casi no caminas, ese intercambio baja y la articulación no puede repararse bien porque le faltan los materiales”, advierte el especialista, lo que puede derivar en mayor rigidez y menor capacidad de recuperación. Además, agrega que la falta de lubricación puede acelerar el desgaste.

El beneficio del movimiento no se limita a la articulación en sí, sino también a la musculatura que la rodea. “Caminar activa los músculos que protegen la rodilla, principalmente el cuádriceps y los glúteos. Estos músculos absorben parte del impacto y estabilizan la pierna. Cuando están fuertes y activos, la carga se distribuye mucho mejor. Cuando están débiles o no se usan, la rodilla recibe más estrés directo”, señala.

Cuánto tiempo recomienda caminar cuando duele la rodilla

Para el especialista, la clave no está en la intensidad sino en la regularidad. Mantener la articulación en movimiento de forma cotidiana ayuda a mejorar su tolerancia al esfuerzo.

“Andar un poco todos los días mejora la tolerancia de tu articulación a la carga. Eso significa que tu rodilla es más capaz de soportar el día a día sin dolor”, explica.

En cambio, evitar el movimiento por miedo al dolor puede generar el efecto contrario. “Si evitas moverte por miedo, esa tolerancia baja y cada vez te molestará más con menos esfuerzo”.

La recomendación es avanzar de forma progresiva, adaptando el ritmo a cada persona. “Empieza con 10 o 15 minutos al día y cuando puedas aumenta a 20 o a 30. No tienen que ser seguidos, puedes hacerlos en bloques”, aconseja.

También sugiere mantener siempre un ritmo cómodo y sin dolor, e incrementar la duración de las caminatas de manera gradual según la respuesta de la articulación.

En conjunto, el enfoque de Arteaga plantea que el movimiento no debe evitarse, sino dosificarse correctamente, ya que puede contribuir a mantener la funcionalidad de las rodillas y mejorar la calidad de vida con el paso del tiempo.