La reciente publicación de Los individualistas (Siglo XXI) de Matt Zwolinski y John Tomasi, dos meses después de editado mi libro Manifiesto libertario de izquierda (Interferencias), resulta un síntoma del cual tal vez estemos viendo las primeras evidencias que marcan la aparición de una aproximación al discurso libertario que ya no responde automáticamente a su vínculo con las nuevas derechas sino que se propone en primera instancia reconstruir la complejidad genealógica de este pensamiento desde sus comienzos para luego mostrar la tensión permanente al interior del mismo entre lo izquierdista y lo reaccionario. En esta dirección, el mileísmo pudo haber sido la posibilidad de abrir una ventana de oportunidad para conocer todos los matices, a menudo contradictorios, de una tradición filosófica tan nutrida como fascinante por su multiplicidad de posiciones.
El libro de Zwolinski y Tomasi resulta una cartografía propicia que podemos considerar para narrar la historia de las ideas libertarias desde todas sus líneas internas y haciendo foco en el presente. La hipótesis de los autores es que en rigor el libertarismo no es ni una filosofía de los Estados Unidos ni tampoco nacida en el siglo XX, sino más bien un pensamiento que emergió a mediados del siglo XIX en Gran Bretaña y Francia y luego se trasladó al país norteamericano. Según la definición que nos ofrecen los ensayistas, el significado de “libertario” (libertarian) nos remitía al comienzo a aquellas personas que afirmaban la libertad de la voluntad y el impulso contrario a la autoridad, pero no será sino hasta el siglo XX, aproximadamente hacia 1950, a través de la pluma de Leonard Read, editor en Estados Unidos de la revista The Freeman, donde adquirirá su sentido actual: aquel que es partidario del libre mercado y de la propiedad privada.
La diversidad de términos pertenecientes a la misma familia obliga a Zwolinski y Tomasi a realizar una diferencia entre lo que denominan “libertario en sentido estricto”, para designar a ciertos intelectuales regidos por un libertarismo racionalista y monista, que van desde Herbert Spencer y Frédéric Bastiat hasta Lysander Spooner y Murray Rothbard, de lo que llaman “libertario en sentido amplio”, con la finalidad de describir a los adscriptos a un liberalismo clásico de característica empírica y pluralista, dentro de los que podemos situara Frederich von Hayek. Al mismo tiempo, los autores demarcan la separación con la categoría de “neoliberal”. Asociados a la Sociedad Mont Pèlerin fundada en 1947 (desde ordoliberales a austríacos y chicaguenses), los neoliberales están mayormente vinculados con el establishment de los gobiernos; podríamos decir que el “neoliberalismo” fue un liberalismo del siglo XX que tuvo una vocación interventora del Estado sobre la regla de juego y que más que constituirse desde una mirada radical lo hizo desde una voluntad reformista y no tantoantiestatista. Por eso podemos ubicar a los neoliberales del siglo XX dentro del “libertarismo en sentido amplio” por compartir tácticamente ciertos objetivos con los libertarios estrictos en relación a la desregulación económica y el achicamiento del Estado, pero cuyos fundamentos filosóficos difieren de laespecificidad libertaria.
Al interior del libertarismo podemos encontrar variantes respecto de las posiciones en torno a la estatalidad, desde las posturas más moderadas que plantean la necesidad de un gobierno limitado (Hayek, Milton Friedman) que incluso financie la demanda de educación o salud mediante vouchers o plantee soluciones para la pobreza a través de subsidios temporarios, pasando por los defensores de un Estado mínimo cuyas funciones deben limitarse a la seguridad y la justicia (Robert Nozick y Ayn Rand), hasta aquellos que sostendrán la mirada más maximalista y extrema en favor de una anarquía de mercado (Rothbard y David Friedman) cuyo planteamiento será que no hay ningún servicio (ni siquiera la defensa o los tribunales arbitrales) que no sea mejor provisto por empresas privadas que por el Estado.
Ayn Rand.
La diversidad del libertarismo que describen Zwolinski y Tomasi, sin embargo, está atravesada por, tal como lo llaman, seis marcadores comunes de pertenencia a esta gran familia, a los cuales adscriben todos sus miembros, desde izquierdistas libertarios hasta paleolibertarios reaccionarios, a saber: la propiedad privada, el escepticismo frente a la autoridad, los mercados libres, el orden espontáneo, el individualismo y la libertad negativa. Subsiguientemente, los autores sitúan las tres eras del pensamiento libertario desde el siglo XIX hasta el siglo XXI.
En primer lugar, plantearán la existencia de un “libertarismo primordial” hacia mediados del siglo XIX, cuya aparición será en Gran Bretaña y Francia y que centrará su crítica hacia el socialismo buscando radicalizar los principios liberales clásicos de los siglos precedentes y oponiéndose al mismo tiempo a la deriva progresista del liberalismo de John Stuart Mill que incorporaba elementos socialistas en su concepción. Autores como Herbert Spencer, Frédéric Bastiat, Jean-BaptisteSay o Gustave de Molinari, de origen belga, se oponían con firmeza desde argumentos económicos o filosóficos a toda forma de socialismo, por mínima que sea. Sobre este punto disiento con la periodización de Zwolinski y Tomasi, ya que considero que el libertarismo es un pensamiento netamente estadounidense del siglo XX, estos autores franceses o ingleses en todo caso serán “proto-libertarios” y constituyen una línea conceptual que confluirá en el libertarismo junto con otras tradiciones del siglo XIX, pero sencillamente no se percibían ni se llamaban así mismos libertarios sino liberales.
El economista estadounidense Murray Rothbard, considerado padre del anarcocapitalismo.
Desde mi perspectiva estos “libertarios primordiales” no son sino liberales clásicos del siglo XIX que acentúan y extreman los principios del liberalismo de Locke y Smith hasta llegar en algunos casos a posiciones de cuasi-anarquía de mercado pero no son libertarios porque no incorporan otros linajes que hacen a la identidad del libertarismo. Asimismo, dentro de esta primera etapa asistimos, para Zwolinski y Tomasi, a una vertiente norteamericana que en rigor, desde mi punto de vista, tampoco se trata de libertarismo estricto sino del anarquismo individualista de fines del siglo XIX, centralmente de Boston, a partir de textos de pensadores como Lysander Spooner o Benjamin Tucker, cuya principal oposición no será al socialismo (ya que este será irrelevante en Estados Unidos), sino a la esclavitud y la guerra, algunos de ellos, como Tucker, incluso se percibían “socialistas” y bebían de fuentes como el anarquismo proudhoniano.
La segunda etapa constituye lo que los autores llaman “libertarismo de Guerra Fría” que desde mi perspectiva es el verdadero el inicio del libertarismo filosófico (de Mises a Rand, de Rothbard a Nozick), donde la doctrina adquiere su especificidad a partir de la incorporación de dos de las corrientes previas mencionadas del siglo XIX (el liberalismo clásico y el anarquismo individualista) adicionando el influjo de la vieja derecha americana de principios del siglo XX cuyos principales referentes intelectuales (Albert Jay Nock, H. L. Mencken, Frank Chodorov) sostenían posiciones críticas de la intervención de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, así como repudiaban el New Deal pero también al neoconservadurismo moderno estatista y belicista. Finalmente, la tercera etapa nos lleva a los posicionamientos libertarios luego de la caída del muro de Berlín en 1989 y que a mi juicio resulta lo más interesante del libro de Zwolinski y Tomasi ya que realiza un diagnóstico preciso de las corrientes actuales algunas más evidentes y otras menos.
Los individualistas (Siglo XXI). De Matt Zwolinski y John Tomasi.
Al interior del libertarismo contemporáneo de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI podemos situar en primer lugar al paleolibertarismo cuya fecha fundacional data de 1990 con la publicación del Manifiesto de Lew Rockwell y a cuyo ideario contribuyó dos años después Rothbard en su etapa final con su concepto de “populismo de derecha”. El propósito de esta corriente interna nucleada en torno al Mises Institute será “desizquierdizar” el libertarismo cultural, particularmente al interior del Partido Libertario, y fundamentar una alianza con el paleoconservadurismo asociando el concepto de orden espontáneo con la noción de orden natural, algo que veremos particularmente en la obra del filósofo alemán Hans-Hermann Hoppe.
Los paleolibertarios distinguen entre autoridades sociales (Iglesias, familias, empresas) de la autoridad ilegítima del Estado y buscan restaurar valores tradicionales que consideran fueron perdidos a consecuencia del izquierdismo cultural que adoptaron la mayoría de los libertarios. En segundo lugar, los autores sitúan un grupo denominado Bleeding Heart Libertarians constituido en torno a un blog nacido en 2006 de la mano del propio Zwolinski y que junto a Tomasi pretendía una conciliación entre Hayek y Rawls, es decir, una alianza con liberales-progresistas de centro a fin de construir una “equidad de mercado” desde principios empiristas y pluralistas; algunos también les llamarán “liberaltarians” (libertarios progres), muy enmarcados en cierto clima de época propio de la hegemonía del neoliberalismo progresista.
John Stuart Mill.
En tercer lugar, encontramos al libertarismo de izquierda, que si bien su origen data de la década del sesenta, a partir del momento en que Rothbard buscaba una alianza con la New Left, a principios de siglo se ha actualizado desde autores como Kevin Carson, Sheldon Richman, Gary Chartier, Charles Johnson o Roderick Long; en primera instancia parecería que su visión puede confluircon la de los libertarios progres (en ciertas cuestiones tácticas y de vínculo social convergen, varios escribieron en el blog BHL), sin embargo, sus fundamentos son muy distintos. Los libertarios de izquierda en su mayoría son anarquistas de mercado cuyo eje será el diagnóstico histórico convergente con la mirada marxista del desarrollo de una acumulación originaria y realizarán, consecuentemente, una crítica al poderdiferenciando entre capitalismo (un sistema basado en la explotación) de mercado realmente libre (un esquema basado en intercambios libres y voluntarios entre trabajadores propietarios), al mismo tiempo que cuestionando también toda forma opresiva de racismo, sexismo o discriminación que impiden la autonomía individual, así como propiciando la sindicalización de los trabajadores de un modo no estatal.
Frente a la hegemonía presente de la versión paleolibertaria del libertarismo, Los individualistas de Zwolinski y Tomasi, magnífico texto de dos libertarios progres, y mi Manifiesto libertario de izquierda, escrito desde una perspectiva rothbardiana de izquierda en convergencia con las filosofías de Foucault y Deleuze, traen a la luz otras versiones del libertarismo que permanecían ocultas para un público mayor hasta hace poco. La construcción dela figura del libertario reaccionario, crítico de los migrantes y de formas de vidas alternativas, es solo una línea interna del libertarismo, hoy triunfante y visible producto de las victorias de las nuevas derechas que beben de la estrategia populista de derecha (desde Trump a Milei) del paleolibertarismo, pero de ninguna manera es la única forma de libertarismo posible.
El economista austríaco Ludwig von Mises, en la serie Tuttles Twing.
Tanto los Bleeding Heart Libertarians como los libertarios de izquierda enriquecen el vocabulario de la libertad incorporando otros términos, medidas y problemas que van desde la discusión sobre una renta básica universal hasta la construcción de políticas de equidad no estatales, desde la crítica al capitalismo, la explotación, la violencia, el racismo y la homofobia hasta el combate de la pobreza a partir de mercados verdaderamente liberados de todo corporativismo, desde la denuncia del privilegio de empresarios prebendarios, monopólicos y oligopólicos hasta la promoción de la autogestión y la sindicalización voluntaria, desde la herencia de formas no estatales de asistencia como las sociedades de socorro mutuo hasta la militancia contra el imperialismo del trumpismo y el accionar criminal del gobierno de Israel en Gaza. Estas otras versiones del libertarismo nos ayudan a percibir este pensamiento muy lejos de la caricatura de una ideología de CEOs o millonarios, sino contrariamente, como una tradición tan antisocialista como antiesclavista, tan anticapitalista como pro-trabajador, en favor de la autonomía de los cuerpos y de la diversidad de los modos de vida en materia sexual y familiar, así como plural en su forma de fundamentación filosófica. El libertarismo desde su origen vivió en esta tensión entre lo izquierdista y lo reaccionario, es parte de su matriz, y así debe ser aceptado, pero el elemento progresista radical no ha sido iluminado lo suficiente. En este sentido, todo aún está por descubrirse.
Todavia no hay comentarios aprobados.