La IA sin control aparece como el mayor riesgo estratégico que enfrentan hoy las organizaciones, pero hay más. Claude es objetado y está especialmente asociado a intrusiones semiautomáticas, robo de datos, inoculación de malware y ransomware.

Claude, un chatbot de IA que incluye modelos de lenguaje a gran escala (LLM) desarrollados por Anthropic, tomó notoriedad cuando agencias federales estadounidenses comenzaron a abandonar su uso luego de que Anthropic se negara a eliminar prohibiciones sobre su empleo con fines como la vigilancia masiva o la gestión de armas totalmente autónomas. El Departamento de Defensa calificó a la empresa como un “riesgo para la cadena de suministro” y prohibió a contratistas militares, proveedores y socios hacer negocios con ella.

La industria del cibercrimen está utilizando intensivamente herramientas de inteligencia artificial, desde eficientes engaños de deepfake dirigidos al público masivo hasta ciberataques ejecutados de forma semiautónoma para perpetrar intrusiones con altísima velocidad y a mayor escala. Del mínimo de 8 horas que requerían en 2022, delincuentes apoyados por agentes de IA pasaron a necesitar solo 22 segundos el año pasado para relevar la infraestructura de sus víctimas.

La adopción de IA, sobre la cual el mercado parece titubear, se instala definitivamente como herramienta habitual para los ciberdelincuentes. Las bandas organizadas emplean modelos propietarios, a los que acceden ilegalmente, y modelos de código abierto para penetrar infraestructuras y redes, exfiltrar datos y ejecutar secuestros extorsivos mediante ransomware. La IA está generando código, scripts y herramientas diseñadas a medida que, hasta hace muy poco tiempo, eran producidas por humanos.

Los atacantes están aumentando su productividad. Claude Code y DeepSeek-v4-pro, el modelo chino de código abierto, ya son utilizados en estas operaciones, mientras la API GPT-4.1 de OpenAI comienza también a aparecer en ataques semiautomáticos contra gobiernos y la industria financiera. Aunque las organizaciones intentan equiparar esa potencia mediante IA en sus defensas, el volumen, la velocidad y la cantidad de amenazas hacen que los “malos” performen mejor. Los sistemas de seguridad tradicionales tienen dificultades para frustrar estos ataques.

Las bandas profesionales requieren también gestión e inteligencia. Claude puede trabajar en tareas administrativas y en el análisis de redes, infraestructura, datos y sistemas de sus víctimas, de empresas, ejecutivos o gobiernos. El robo de datos también muestra indicios de asistencia por IA y, una vez más, Claude Code aparece como protagonista al haber sido utilizado de forma semiautónoma.

Las herramientas de IA están facilitando las labores de reconocimiento, análisis de datos y redes, mapeo de bases de datos, captura de credenciales y diseño de exploits a una velocidad inédita. Esta preparación demandaba días; ahora puede resolverse en horas y, en algunas tareas, en segundos. Chatbots trabajan en paralelo, administran múltiples perfiles para navegar por la infraestructura de la víctima, “leer” cientos de servidores y automatizar accesos no autorizados, incluidos ataques de fuerza bruta contra contraseñas.

Incluso la IA puede brindar a los atacantes mayor capacidad para ocultar su ADN, dificultando el análisis forense. Además, si los ciberdelincuentes utilizan Claude Code masivamente, resultará más difícil determinar a quién realmente nos estamos enfrentando.