A fines de 1939, James Joyce terminó de escribir Finnegans Wake, después de dos décadas. Se lo considera el libro más extraño de la literatura. Esa obra, precisamente, cambió la forma en que pensaba y miraba el mundo Blas Briceño. Se trata de un licenciado en Computación de Ciencias Exactas de la UBA, que además estudió literatura, una mezcla de la que surgió el nombre Finnegans para su compañía que se dedica a utilizar la Inteligencia Artificial para salvar empresas y también empleos.

Entre sus clientes titilan Oliovita, Arcor, Bio4, Adecoagro, Instituto de Diagnóstico Rossi, Molinos, Syngenta, y el grupo Insud por citar algunos en Argentina.

Blas Briceño, dueño de Finnegans.

Aseguran que unas 7.000 organizaciones en 15 países utilizan la tecnología de Finnegans. Cada uno de los 16 pisos del edificio que es su sede en el corazón de esa parte de Chacarita que se puso de moda, muestra ese pulso tan típico de los que buscan creatividad. Desde un auditorio, a un canal propio de streaming al funcionamiento de diversos talleres, algunas ONG como Ashoka o Banco de Alimentos y programas e la Universidad de San Andrés. Todo, con muebles de diseño, esculturas y pinturas de artistas consagrados y emergentes.

Briceño, nacido hace 60 años en Concordia, empezó como emprendedor a los 19 y fue de éxito en fracaso hasta que en 1992 fundó Finnegans.

“Me inspiré en Joyce porque desarma la la narración lineal y la convierte en algo parecido al navegar de Internet, a los recorridos no lineales”, explica a Clarín.

Así, define su trabajo: “Hacemos plataformas digitales de gestión de negocios y la Inteligencia Artificial (IA) está incluida. Desde la gestión comercial, el planeamiento financiero, el seguimiento de los procesos productivos y la coordinación de las acciones comerciales. La IA es una herramienta que potencia la gestión”.

Finnegans es la competencia local de sistemas operativos como el alemán SAP. “Nuestra diferencia no es solo costos, también que estamos enfocados en que la gente empiece a usar la plataforma rápidamente, y somos muy flexibles para cambiar, adaptarnos a las necesidades del negocio”.

Contabiliza 320 personas divididas en Buenos Aires y en Concordia. Están desembarcando en México.

-¿Cómo viven sus clientes argentinos la transformación tecnológica en medio de un cambio de régimen económico?

-Son dos momentos que hoy se superponen. Hay muchos que empezaron a sufrir el no poder sostenerse financieramente. Para los que tienen salud financiera, digitalizarte es una forma de eficientizar el proceso, de mejorar la calidad de gestión en todos los órdenes. Nosotros nos vemos como un remedio potencial en la incertidumbre para las situaciones de debilidad.

-¿Cómo opera la IA en estos casos?

-Un ejemplo clásico es que en lugar de una persona que atienda el teléfono, lo hace la IA. Pero a partir de allí hay otros niveles ya que se dispone de la información del cliente para generar las condiciones de una mejora del servicio, del producto, ver los cuellos de botella, ver dónde está la falla. Y la IA ayuda a hacerlo mejor. Las personas dirigen esto. En planificación financiera y de procesos es una herramienta que ayuda a decidir..

La novedad en el caso de Finnegans es el énfasis en el cuidado del trabajo humano. En la propia compañía decidieron reentrenar con nuevas habilidades a los desarrolladores de códigos suplantados por la IA. “Hoy se aprende pensamiento crítico, estrategias de diseño, cambios en los procesos. Nos estamos preparando para pensar mejor”, suelta Briceño muy convencido que sus clientes seguirán ese camino..

Y hacia afuera lanzaron un sistema de becas para los estudiantes a los que les faltaba un empujón para finalizar sus carreras. “Son seis meses, pagamos un sueldo para estudiar y lo hacemos sistemáticamente desde hace varios años. El 90% de esos becarios encuentra luego un trabajo y no solo por las oportunidades que les brindan nuestros propios clientes”. Briceño también apuesta en este caso a un efecto imitación.