El desierto de Mojave siempre fue un lugar para probar límites. En Edwards Air Force Base, los lagos secos ofrecieron pistas naturales enormes, lisas y resistentes para ensayos aéreos.

Allí, en 1947, Chuck Yeager voló el Bell X-1 y superó la velocidad del sonido en vuelo controlado. Hoy, en ese mismo entorno, otra infraestructura tecnológica ocupa el paisaje: una instalación solar con casi 2 millones de paneles.

La elección del lugar estuvo vinculada con su geografía. Antes de llamarse Edwards Air Force Base, la instalación era conocida como Muroc Army Air Base. La propia Air Force Test Center destaca que el clima claro del Mojave y la extensa superficie lisa de Rogers Dry Lake ofrecían condiciones ideales para las pruebas y los aterrizajes de emergencia.

La importancia de aquel vuelo todavía forma parte de la identidad de la base: en 2022, Edwards celebró los 75 años del vuelo supersónico y renombró el corredor de pruebas como Bell X-1 Supersonic Corridor, en homenaje al equipo que rompió la barrera del sonido.

Del vuelo supersónico a la energía solar

El nuevo símbolo del lugar no está en el aire, sino en el suelo. El proyecto Edwards Solar Enhanced Use Lease Project, desarrollado junto con Terra-Gen, fue presentado por la Fuerza Aérea como la mayor colaboración público-privada de energía limpia en la historia del Departamento de Defensa. La instalación tiene casi 2 millones de paneles solares y se ubica en Mojave, California.

Chuck Yeager apoyado en el Bell X-1 con el que rompió la barrera del sonido en 1947.

La empresa Coffman Engineers describe el proyecto Edwards & Sanborn como una instalación parcialmente ubicada en tierra privada y parcialmente dentro de Edwards Air Force Base, en Kern County. El complejo abarca 4.600 acres y contiene 1,9 millones de paneles First Solar.

La Fuerza Aérea estima que el proyecto puede abastecer a más de 238.000 hogares y desplazar más de 320.000 toneladas de CO₂ al año. También forma parte de una estrategia mayor: usar terrenos militares compatibles para generar energía, fortalecer resiliencia y producir ingresos mediante acuerdos de arrendamiento.

Paneles solares sobre el mismo paisaje donde la aviación estadounidense aprendió a volar más rápido que el sonido. Foto: Tim Rue/Bloomberg

La imagen es poderosa: paneles solares extendidos sobre el mismo tipo de paisaje donde la aviación estadounidense aprendió a volar más rápido que el sonido. Antes, el terreno plano del Mojave servía para aterrizar aviones experimentales; ahora también sirve para capturar luz.

En definitiva, Edwards muestra una continuidad inesperada. El desierto que fue laboratorio de velocidad se convirtió también en laboratorio de energía. No reemplazó su historia aeroespacial: la amplió hacia otro desafío tecnológico del siglo XXI.