Durante miles de años, enormes poblaciones de bisontes recorrieron América del Norte y estuvieron genéticamente conectadas a lo largo de miles de kilómetros. Esa historia cambió abruptamente con la expansión colonial, la destrucción de hábitats, nuevas enfermedades y las campañas de exterminio.

De decenas de millones de animales, la población cayó hasta quedar reducida a apenas unos cientos a comienzos del siglo XX.

Era lógico imaginar que semejante colapso había eliminado también una gran parte de la diversidad genética de la especie. Pero una investigación publicada en Science en agosto de 2026 muestra una historia más sorprendente.

Un amplio equipo liderado de la Universidad de California construyó el mayor conjunto de genomas de bisonte analizado hasta ahora. Los científicos secuenciaron 160 nuevos genomas: 115 procedentes de animales que vivieron antes del gran colapso poblacional y otros 45 de ejemplares de los últimos cien años. Luego, los compararon con 52 genomas modernos publicados previamente. En total, la reconstrucción abarcó aproximadamente 20.000 años de historia.

El gran daño no fue solo perder animales, sino separar las manadas

Los resultados del estudio mostraron que la diversidad genética general consiguió mantenerse comparativamente estable pese a que la cantidad de bisontes cayó varios órdenes de magnitud. Lo que sí cambió drásticamente fue la conectividad.

Antes del colapso, poblaciones geográficamente lejanas intercambiaban genes y mostraban relativamente poca diferenciación. Foto ilustrativa: EFE.

Antes del colapso, poblaciones geográficamente lejanas intercambiaban genes y mostraban relativamente poca diferenciación. Los animales que sobrevivieron, en cambio, fueron encerrados o conservados en pequeñas manadas aisladas. Con el paso de las generaciones, esa separación favoreció la deriva genética y volvió a los grupos modernos mucho más distintos entre sí.

El estudio también resolvió otros enigmas. Los bisontes de bosque actuales conservan entre un 7% y un 64% de ascendencia de bisonte de las llanuras, consecuencia principalmente del traslado de unos 7.000 ejemplares de las llanuras a Wood Buffalo National Park en la década de 1920.

También resultó exagerada una vieja preocupación sobre el cruce con ganado doméstico. Los investigadores detectaron ascendencia bovina solamente en aproximadamente un tercio de los bisontes modernos analizados y, cuando estaba presente, normalmente representaba menos del 2% del genoma.

Hoy existen cientos de miles de bisontes en América del Norte. Foto: Pexels.

La información puede cambiar la conservación de la especie. En lugar de mirar exclusivamente cuántos animales existen dentro de cada reserva, los científicos proponen recuperar parte de la conectividad perdida mediante traslados y reproducción cuidadosamente planificados entre poblaciones compatibles.

Hoy existen cientos de miles de bisontes en América del Norte, por lo que su recuperación numérica es uno de los grandes éxitos de la conservación. El ADN antiguo, sin embargo, muestra el trabajo que todavía falta: salvar una especie no significa solamente aumentar sus números. También implica volver a unir, en la medida de lo posible, una historia genética que los humanos fragmentaron.