“Siento un profundo desprecio por el Estado, que creo que es la asociación criminal más grande del mundo”, confesaba a pocos meses de asumir la presidencia, Javier Milei. Tal es la magnitud del odio que el líder libertario le ha profesado, que llegó a asegurar que amaba ser un "topo dentro del Estado" cuya misión era destruirlo..
En las últimas horas, el Gobierno tomó dos decisiones en sentido diametralmente opuesto a lo que predica, con tanto énfasis, el Presidente. En primer lugar modificó el modelo de inversión del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, de manera tal de impulsar el otorgamiento de créditos hipotecarios más accesibles, a una tasa tope del 7,5% + UVA. Ahora, se supo que pretende habilitar un aumento de los salarios más bajos a poco más de un millón de pesos en bruto, utilizando los bonos o sumas fijas no remunerativas, que hasta ahora venían completando algunos gremios.
Desde lo ideológico, se trata de un cambio radical para una gestión económica libertaria que había decidido planchar los salarios, bajo amenaza a los gremios de no homologar aquéllos acuerdos paritarios por arriba de la inflación mensual. Postura que contribuyó a la baja del poder adquisitivo y, por ende, a alimentar una microeconomía caracterizada por la baja del consumo y de la recaudación, además del aumento del empleo en negro o precarizado.
Ambas medidas buscan recrear un resultado que la política económica no ha conseguido hasta el momento: la percepción de mejora que un importante segmento de la ciudadanía, en particular la clase media, necesita para justificar su apoyo a un ajuste al que convocó Milei, pero sin fecha de finalización.
De la misma manera, es una muestra de la urgencia política que atraviesa la administración de Milei, en un contexto donde el endeudamiento y la morosidad ha centralizado la agenda y no hay ningún otro asunto que, por ahora, la reemplace.
Patricia Bullrich. Foto: Martín Bonetto.
A tal punto está consolidado este contexto, que la oposición logró reunir este miércoles 133 votos -4 más de lo que quiere la mayoría absoluta- para avanzar en la discusión de una treintena de proyectos legislativos tendientes a paliar la situación de los endeudados. De progresar el trámite leguleyo -que lo traten las comisiones dirigidas por los libertarios y consiga dictamen- podría delinearse en el horizonte un duro revés para la Casa Rosada.
Patricia Bullrich fue una de las espadas del oficialista que viene advirtiendo este panorama en las reuniones internas como la de la mesa política, planteando la necesidad de mejorar del consumo. Ya había manifestado, públicamente, que se requería "más velocidad en los resultados para que el cambio se sienta en la vida cotidiana".
"Es para la tribuna, como hacer peronismo pero sin costo fiscal", ironizó, llamativamente, un dirigente aliado del Gobierno. Por un lado, el gabinete habla de un consumo histórico o, como alguna vez lo ensayó el kirchnerismo, de restaurantes, teatros o recitales repletos para argumentar que la economía marcha sobre ruedas. Pero no logra explicar por qué entonces la recaudación baja sin que haya una mayor evasión gracias a la ley de Inocencia Fiscal, entre otras herramientas.
Diego Santilli con los gobernadores Martín Llaryora, Maximiliano Pullaro y Rogelio Frigerio.
Tampoco es sencillo dilucidar por qué si el escenario adverso es un invento del periodismo y la economía vuela, el ministro Luis Caputo apela a la "justicia social" para anunciar créditos. ¿También se recurrirá a la justicia social para argumentar la suba de los salarios más bajos?. Nadie puede objetar, esta medida salvo las empresas y, sobre todo las pymes de muchas actividades que son testigos del derrumbe de las ventas.
Salarios y créditos no son los únicos indicios de un giro del Gobierno. Diego Santilli y Caputo ya vienen negociando ayuda económica con los gobernadores aliados, que no impliquen un costo fiscal importante. Por un lado recortan subsidios para las zonas frías, y lo utilizan para dar subsidios eléctricos a las provincia cálidas del norte; o diseñan un esquema para que los distritos del centro puedan refinanciar el servicio destinado a los grandes consumidores.
Necesidad de dinamizar la economía, mejorar el consumo, beneficiar a los salarios más bajos, otorgar créditos más baratos. Conceptos que hasta hace unas horas, Milei denostaba. El Gobierno parece haber tomado nota del clima social.
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