Una ola de calor marina tiene principio y final. Al menos sobre el papel. Los científicos utilizan umbrales de temperatura para determinar cuándo empieza un episodio y cuándo puede considerarse terminado.

El problema es que los animales, las plantas y los ecosistemas no leen esas definiciones. Si el agua ya estaba demasiado caliente antes de superar el umbral, o continúa caliente durante días después de abandonarlo, el estrés biológico puede prolongarse mucho más.

Un grupo de investigadores decidió entonces mirar no solo las olas de calor, sino también lo que ocurría inmediatamente antes y después. Para hacerlo reunió uno de los registros más amplios realizados en estuarios estadounidenses.

El estudio, publicado en Communications Earth & Environment, analizó más de 2.580 olas de calor marinas observadas en 54 estaciones de monitoreo pertenecientes a 20 estuarios de Estados Unidos, utilizando series de datos que abarcan aproximadamente dos décadas. El trabajo estuvo encabezado por Ricardo U. Nardi y Piero Mazzini, del Virginia Institute of Marine Science de William & Mary, junto con especialistas de otras instituciones.

El resultado central fue inesperado. Los investigadores encontraron que las anomalías cálidas previas y posteriores a una ola marina suelen mantenerse durante períodos prolongados y, en muchos casos, duran incluso más que el episodio que oficialmente se clasifica como ola de calor.

Los estuarios son especialmente sensibles porque funcionan como zonas de transición entre ríos y océanos. Foto: Freepik

Esos días adicionales no alcanzan individualmente la intensidad máxima del evento, pero se acumulan. Cuando el equipo sumó el calentamiento anterior, la ola propiamente dicha y el período posterior, calculó que la exposición térmica acumulada era aproximadamente un 153% superior a la que mostrarían las métricas convencionales si únicamente se considerara la ola de calor.

El calor puede durar más que la ola

La diferencia puede tener consecuencias importantes. Un organismo marino podría soportar un pico de temperatura breve, pero responder de otra manera si llega a ese pico después de varios días ya sometido a temperaturas anormalmente altas. Lo mismo ocurre después: oficialmente el evento puede haber terminado, mientras el ecosistema todavía intenta recuperarse en aguas más calientes de lo habitual.

Los estuarios son especialmente sensibles porque funcionan como zonas de transición entre ríos y océanos y albergan peces, moluscos, vegetación acuática y etapas juveniles de numerosas especies. También están expuestos a variaciones de salinidad, contaminación, cambios de caudal y otras presiones humanas.

Por eso, el equipo propone ampliar la manera de evaluar estos episodios. Su nuevo marco incorpora las fases cálidas que rodean cada ola para obtener una imagen más realista del estrés térmico acumulado.

El hallazgo no significa que la definición tradicional de ola de calor marina sea incorrecta. Sirve para comparar fenómenos entre regiones y años. Pero muestra que puede quedarse corta cuando se intenta calcular qué experimenta realmente un organismo.

En otras palabras, el episodio más peligroso puede no empezar cuando el termómetro cruza oficialmente una línea ni terminar cuando vuelve a bajarla. Para la vida marina, el calor puede haber comenzado antes y continuar mucho después.