Las bolas de cemento que aparecen en algunas veredas y calles de la Ciudad de Buenos Aires llaman la atención por su forma y pueden parecer un simple elemento decorativo. Sin embargo, cumplen una función concreta: ayudan a proteger el espacio destinado a los peatones y evitan el avance de los vehículos.

Estas estructuras forman parte de una familia de elementos urbanos conocidos como bolardos. El Gobierno porteño los incluye dentro del mobiliario instalado en el espacio público, junto con bancos, maceteros, bebederos y otros objetos que cumplen diferentes funciones en calles, plazas y veredas.

En algunos sectores pueden adoptar formas y materiales diferentes. Más allá de su aspecto, su finalidad es establecer una barrera física entre la circulación vehicular y la peatonal.

Qué son los bolardos y para qué se colocan en las veredas

Según el Manual de Diseño Urbano de la Ciudad de Buenos Aires, los bolardos son elementos que permiten separar las zonas destinadas a vehículos de aquellas reservadas a peatones, especialmente cuando ambas se encuentran al mismo nivel.

Estas estructuras se colocan en puntos estratégicos para separar la circulación de autos de las zonas destinadas a peatones.

Por ese motivo aparecen, por ejemplo, en calles de tránsito restringido y sectores diseñados con prioridad para quienes circulan a pie.

Su función también explica una característica fundamental de su diseño: deben ser suficientemente resistentes para soportar posibles impactos y estar ubicados de manera que impidan el estacionamiento o ingreso de vehículos en los espacios que buscan proteger.

No todos son iguales. Pueden tener diferentes dimensiones y alturas y fabricarse con hormigón armado, hierro fundido o materiales galvanizados, de acuerdo con las especificaciones oficiales.

Por qué hay bolardos en las calles de CABA

Los bolardos forman parte desde hace años de distintas intervenciones sobre el espacio público porteño.

El Gobierno de la Ciudad señala que fueron incorporados en diferentes obras de renovación de veredas y menciona específicamente su instalación en sectores de Palermo y Microcentro para reforzar la seguridad de los peatones y evitar que los vehículos ocupen las veredas.

También fueron utilizados en la renovación del Casco Histórico porteño. Allí se incorporaron nuevos bolardos en sectores de la calle Bolívar junto con otras modificaciones, como reparación de veredas, adoquinado, iluminación y nivelación de calles.

Así, esas estructuras que muchas personas pueden identificar simplemente como “bolas” o bloques de cemento tienen detrás una función de diseño urbano: marcar físicamente hasta dónde pueden avanzar los vehículos y preservar el espacio peatonal.

Los autos no pueden estacionar sobre las veredas porteñas

Los bolardos pueden tener distintas formas y tamaños y forman parte del mobiliario urbano de la Ciudad de Buenos Aires.

La presencia de estas barreras también está relacionada con una regla básica de circulación en la Ciudad: los autos y las motos tienen prohibido estacionar sobre las veredas.

El propio Gobierno porteño indica que, ante un vehículo estacionado en una vereda, los vecinos pueden realizar una denuncia mediante los canales de atención de la Ciudad.

Los bolardos agregan entonces una barrera física allí donde el diseño del espacio público requiere separar con mayor claridad la circulación de vehículos y peatones.

De esta manera, un objeto que puede pasar inadvertido en una caminata por Buenos Aires cumple una tarea bastante más importante de lo que su aspecto sugiere: evitar que los vehículos invadan determinados espacios y hacer más segura la circulación peatonal.