Jonathan Haidt se convirtió en una de las voces más conocidas del debate internacional sobre teléfonos inteligentes, redes sociales y adolescentes después de publicar The Anxious Generation. Sin embargo, el psicólogo social de la Universidad de Nueva York reconoce ahora que su preocupación inicial pudo haber sido demasiado limitada: el problema, sostiene, no termina en la ansiedad, la depresión o el aislamiento.

Haidt desarrolló esa advertencia en una entrevista concedida a The Times en julio de 2026, en la que aseguró que había subestimado los riesgos de la tecnología al concentrarse principalmente en la salud mental. Su nueva inquietud apunta hacia algo más amplio: el deterioro de la atención y de determinadas capacidades cognitivas mientras la inteligencia artificial avanza a un ritmo extraordinariamente rápido.

De ahí surge su frase más inquietante: “La mayoría de los seres humanos están viendo mermada su capacidad cognitiva justo en el momento en que nuestras máquinas duplican su capacidad cada tres o cuatro meses”. Para Haidt, la coincidencia de ambas tendencias merece mucha más atención: seres humanos cada vez más expuestos a entornos que fragmentan la concentración y máquinas que mejoran exponencialmente.

El impacto de las plataformas sobre la atención

En la misma entrevista fue todavía más lejos y calificó esa combinación como “una importante amenaza existencial para la existencia de la humanidad”. Su preocupación está especialmente dirigida hacia los videos cortos y los productos digitales diseñados para capturar la atención durante largos períodos. TikTok, Instagram y otras plataformas aparecen en su argumento no solo como espacios sociales, sino como sistemas capaces de alterar hábitos cognitivos a través de estímulos continuos.

Haidt asegura que incluso entre los estudiantes de NYU encuentra jóvenes que pasan alrededor de cinco horas diarias en TikTok. Cuando consiguen abandonar ese patrón, afirma, observa un cambio considerable: “Si pueden dejarlo, florecen”. No plantea que cualquier uso de internet provoque inevitablemente deterioro intelectual, sino que distingue especialmente los niveles elevados de exposición y los productos diseñados alrededor del consumo compulsivo.

El libro “La generación ansiosa”, de Jonathan Haidt.

Su argumento también se ha extendido hacia los videojuegos, la pornografía y las apuestas entre los varones jóvenes. Cree que algunas de estas actividades pueden modificar los sistemas de recompensa hasta volver menos estimulantes las tareas normales de la vida cotidiana. En ese punto conecta su nueva preocupación con la que ya había desarrollado en The Anxious Generation: una infancia cada vez más basada en pantallas y menos en experiencias físicas, juego independiente y relaciones presenciales.

La solución que propone tampoco descansa solo en el autocontrol individual. Haidt considera que determinados productos digitales dirigidos a menores deberían estar sometidos a regulaciones más estrictas y que las compañías tendrían que demostrar su seguridad antes de distribuirlos masivamente.

Haidt considera que determinados productos dirigidos a menores deberían ser sometidos a regulaciones más estrictas. Foto: Presidencia de la Nación Argentina.

Su advertencia final introduce una paradoja difícil de ignorar. Nunca habíamos construido herramientas capaces de pensar, calcular y producir información con semejante velocidad. Pero, al mismo tiempo, pasamos una cantidad creciente de horas utilizando otras herramientas diseñadas para fragmentar nuestra propia atención.

Para Haidt, esa diferencia entre máquinas que aumentan capacidades y personas que pueden estar perdiéndolas es uno de los grandes problemas de la próxima década.