A pesar del paso del tiempo, El Principito (1943) continúa siendo una de las mayores fuentes de enseñanzas para la humanidad.

En el libro de Antoine de Saint-Exupéry pueden leerse algunas frases que describen fielmente a la sociedad adulta, particularmente a varios de los aspectos y sentimientos que atraviesan a ella.

Algunos de los pasajes más interesantes son aquellos en los que el Principito conversa con el aviador accidentado, otro personaje central de la obra. En estos, se hace referencia, entre otros temas, al amor.

La charla entre el Principito y el aviador

La famosa obra de Antoine de Saint-Exupéry, El Principito, contiene reflexiones profundas sobre el amor, la felicidad y el valor de aquello que uno considera único.

Estas se encuentran, principalmente, en el capítulo VII, cuando el Principito conversa, en la Tierra, con el aviador, el otro personaje clave de la obra, a quien le pidió que le dibujara un cordero.

El Principito le pide al aviador que le dibuje un cordero. Foto: Shutterstock (ilustración)

Mientras el piloto intenta arreglar su avión averiado en pleno desierto y afronta la escasez de agua, al Principito le preocupa algo muy distinto: quiere saber si un cordero puede comerse también las flores.

El aviador, que estaba entretenido en sus cosas, le responde que sí, con indiferencia.

Ante esto, el Principito se angustia por su rosa, la cual ha abandonado en su planeta, e, imaginando que el cordero puede comérsela, le pide al aviador que le dibuje un bozal.

Acto seguido, para justificar el valor de su flor, el niño expresa: "Si alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre millones y millones de estrellas, es suficiente para ser feliz cuando la mira".

El aviador le responde que no sabe dibujar, pero igual hace un dibujo. El Principito lo acepta, pero, fiel a su estilo, le señala un detalle práctico: necesita que el bozal tenga una correa para poder sujetarlo.

Qué significa la frase de El Principito sobre el amor

La reflexión del Principito respecto al amor se construye precisamente alrededor de ese carácter irrepetible de la rosa. Saint-Exupéry plantea que la felicidad no tiene por qué depender de poseer aquello que se quiere, tenerlo cerca o contemplarlo constantemente. Al Principito le basta saber que su flor continúa en algún lugar. “Mi flor está allí, en alguna parte”, afirma.

De este modo, la distancia no elimina el vínculo, y los "millones de estrellas" son un recordatorio de aquello que tiene un valor especial para él. La escena contrapone, además, dos maneras de observar la realidad: mientras el aviador está absorbido por un problema inmediato y práctico, el niño considera esencial proteger aquello que ama.

Durante el viaje, el Principito piensa mucho en la flor que dejó en su planeta. Foto: Archivo

Por ello, la frase de Saint-Exupéry también permite leer El Principito desde la distancia y el temor a la pérdida. La amenaza de que el cordero pueda acabar con la rosa explica la angustia del personaje y da sentido a su reacción. Mientras la flor siga existiendo, mirar las estrellas puede proporcionarle felicidad; si desapareciera, ese mismo cielo perdería su significado.

La obra convierte así una flor diminuta en el centro emocional de un universo inmenso y presenta el amor como la capacidad de reconocer algo único entre millones de cosas. Una imagen sencilla con la que El Principito plantea que el verdadero valor no depende de la cantidad ni de la cercanía, sino de la importancia que alguien adquiere para quien lo contempla.