Los hijos de esta mujer están sanos, son curiosos, sociables y saben que son queridos. Ella reconoce que buena parte de esa estabilidad es resultado de su propio esfuerzo y asegura que no cambiaría haberlos tenido.

Pero junto al amor apareció otra sensación que durante mucho tiempo no se permitió reconocer: el duelo por la vida que dejó atrás. No porque quisiera menos a sus hijos, sino porque convertirse en madre también significó despedirse de una parte de sí misma.

"Amo a mis hijos más que a nada en el mundo, pero aún lloro la vida que sacrifiqué para tenerlos, y estoy cansada de fingir que esas dos cosas no pueden ser ciertas a la vez". Con esa reflexión intenta explicar una contradicción que durante años creyó que debía ocultar.

La reflexión de una madre sobre los hijos y la vida antes de ellos. Foto Shutterstock.

Antes de ser madre trabajaba como escenógrafa y había conseguido dirigir su propio equipo. Tenía proyectos cada vez más grandes, cierta estabilidad profesional y, sobre todo, una libertad que le permitía decidir cómo utilizar su tiempo.

La vida que quedó atrás

Podía decidir un jueves viajar a la costa y desaparecer hasta la noche. Leía durante horas sin interrupciones, tenía horarios poco convencionales y organizaba sus días de acuerdo con sus propios deseos.

También tenía un departamento decorado a su gusto y dinero que podía gastar exclusivamente en ella. No describe aquella etapa como una vida perfecta, sino como una existencia en la que sentía que tenía el control de su tiempo.

Cada vez que extrañaba alguna parte de su antigua vida aparecía inmediatamente la culpa por sentirlo. Foto Shutterstock.

Después de convertirse en madre, esa autonomía desapareció en gran medida. Sin embargo, cada vez que extrañaba alguna parte de su antigua vida aparecía inmediatamente la culpa por sentirlo.

Durante años pensó que no tenía derecho a lamentar lo perdido porque había elegido tener a sus hijos y los amaba profundamente. Terminó guardando esos sentimientos y confundiendo el silencio con gratitud.

Dos sentimientos pueden coexistir

La idea comenzó a cambiar cuando conoció el concepto de matrescencia, utilizado para describir la extensa transformación que atraviesa una mujer al convertirse en madre. El proceso no solamente incorpora a una nueva persona a la familia: también implica modificar aspectos de la propia identidad.

La matrescencia describe la transformación que atraviesa una mujer al convertirse en madre. Foto: ilustración Shutterstock

A partir de esa mirada entendió que el duelo no significaba ser una madre desagradecida. Extrañar a la mujer que había sido no implicaba desear una vida sin sus hijos.

También encontró otro concepto: la ambivalencia materna. Se trata de la posibilidad de experimentar al mismo tiempo amor, gratitud, tristeza o incluso ganas de escapar. Los sentimientos no necesariamente se alternan: pueden aparecer juntos.

La diferencia estuvo en dejar de enfrentar ambas emociones. En lugar de pensar "los amo, pero extraño quién era", empezó a pensarlo de otra manera: los ama y también extraña a la mujer que fue.

Recuperar pequeñas partes de sí misma

Con el tiempo decidió dejar de intentar eliminar ese duelo. Primero se lo contó a una amiga que también era madre y recibió una respuesta inesperada: ella sentía algo parecido. Compartirlo le permitió entender que no estaba sola.

Después comenzó a recuperar pequeñas partes de aquella vida. Reservó una tarde semanal exclusivamente para ella, retomó un proyecto freelance que disfrutaba y realizó un viaje de fin de semana en el que pudo pasar unas horas sin ejercer el rol de madre.

La mujer comenzó a recuperar pequeños espacios personales de su antigua vida. Foto: Shutterstock

Nada de eso eliminó la sensación de pérdida, porque, según explica, tampoco había algo que reparar. Simplemente aprendió a convivir con dos realidades que pueden existir simultáneamente.

Algunas noches el amor por sus hijos ocupa todo el espacio. Otras veces extraña profundamente la libertad que tenía antes. Llora, se recompone y vuelve con ellos. Y cuando les dice que los ama, asegura que cada palabra es completamente cierta.