Una bonoba llamada Louise permaneció separada de su hermana durante más de 26 años. Cuando los investigadores le mostraron una fotografía de Loretta, su familiar, el animal fijó la mirada en su rostro y apenas prestó atención a otro bonobo desconocido que aparecía junto a ella.
El caso forma parte de una investigación de la Universidad Johns Hopkins que aportó una de las evidencias más contundentes sobre la memoria social de los grandes simios. El equipo, liderado por el psicólogo comparativo Christopher Krupenye y la autora principal Laura Simone Lewis, estudió a 26 chimpancés y bonobos de zoológicos y santuarios de Europa y Japón.
Los resultados, publicados en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, mostraron que estos animales pueden conservar el reconocimiento de antiguos compañeros durante largos períodos. Para medir sus reacciones, los científicos utilizaron cámaras infrarrojas de seguimiento ocular. Los animales observaron pares de fotografías durante tres segundos: una correspondía a un antiguo compañero de grupo y la otra a un individuo desconocido.
Los chimpancés y bonobos dedicaron entre un 11% y un 14% más de tiempo a los rostros familiares que a los desconocidos. No necesitaron entrenamiento para responder ante las imágenes.
Chimpancés y bonobos pueden reconocer a antiguos compañeros durante décadas. Foto: FTP CLARIN.
El caso de Louise fue el más llamativo. La bonoba había vivido con Loretta y con su sobrino Erin antes de su traslado desde el zoológico de San Diego hacia un santuario de Kumamoto, en Japón, en 1992. En 2019, cuando tenía 46 años, observó las fotografías de su hermana durante ocho pruebas y concentró su atención en su rostro.
El resultado llevó a los investigadores a plantear que la memoria social de los grandes simios puede durar durante buena parte de sus vidas. Según los autores, el caso de Louise representa el recuerdo social no humano más prolongado documentado hasta ese momento.
El estudio también mostró que el parentesco no era el único factor
Los animales prestaron mayor atención a antiguos compañeros con quienes habían mantenido relaciones positivas, como el acicalamiento mutuo o el descanso cerca del otro. Para los científicos, ese patrón sugiere que los simios no solo reconocen un rostro, sino que pueden conservar una representación de la relación.
Los chimpancés y bonobos dedicaron entre un 11% y un 14% más de tiempo a los rostros familiares que a los desconocido. Foto: FTP CLARIN.
La investigación también plantea preguntas sobre el bienestar de estos animales. Si un chimpancé o un bonobo puede recordar durante décadas a un familiar o a un compañero cercano, las separaciones entre zoológicos, santuarios y programas de cría podrían tener consecuencias psicológicas que no siempre reciben suficiente consideración.
El caso de Sandra, la orangutana que fue declarada "persona no humana"
Precisamente estas consideraciones sobre los derechos de los grandes simios, nuestros parientes más cercanos en la cadena evolutiva, como los llamaba la célebre primatologa Jane Goodall, fueron los que impulsaron a la justicia en Argentina a emitir un fallo que tuvo repercusión internacional. En 2019, la orangutana Sandra fue declarada "persona no humana" y fue trasladada desde el Ecoparque de Palermo, en Buenos Aires, al reconocido santuario de primates Center of Great Apes en Orlando, Florida.
La orangutana Sandra. Foto: The Center for Great Apes
La orangutana nació en cautiverio, en un zoológico de Alemania, pero fue rechazada por su madre. Fue trasladada a la Argentina y, en 2015, la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA) denunció que ella se encontraba en mal estado en lo que era entonces el zoológico de la capital argentina. Luego, el fallo de la jueza Elena Liberatori la declaró "persona no humana", una medida que obligó al gobierno a encontrar un santuario donde pudiese vivir y preservar sus habilidades cognitivas.
Por eso, aunque los investigadores de la Universidad John Hopkins aclaran que el experimento llevado a cabo no permite saber qué pensaba Louise al mirar la fotografía ni si recordaba cada detalle de su vida anterior, sí muestra que la reacción de esta especie muestra una señal conductual de que sus pares siguen siendo significativas en su socialización y podría haber más por descubrir sobre sus sofisticados métodos de interacción.
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