La pianista argentina Martha Argerich fue galardonada por el Festival de Salzburgo con la "Aguja de Honor con Rubíes", informó este lunes 24 de agosto el prestigioso certamen de música, ópera y teatro.
"Estamos profundamente agradecidos de que Martha Argerich lleve 55 años unida a nosotros como artista del festival. La gran dama del piano convierte cada uno de sus conciertos en una cita histórica e irrepetible", señaló en un comunicado la dirección del festival que se celebra cada verano en la ciudad austríaca de Salzburgo, cuna natal del genio musical Wolfgang Amadeus Mozart.
El galardón le fue entregado a la célebre pianista de 85 años tras su concierto como solista junto al violinista francés Renaud Capuçon en la "Casa para Mozart" (Haus für Mozart) el pasado viernes, añade la nota.
Unida a Salzburgo
Argerich debutó en el Festival de Salzburgo en 1971, en un concierto con la Orquesta Filarmónica Checa bajo la dirección de Claudio Abbado.
Nacida en Buenos Aires en 1941, la multipremiada intérprete está considerada una de las virtuosas del piano más célebres de la actualidad, recordó el comunicado.
Martha Argerich es venerada en todo el mundo, por su técnica, su magnetismo y su talento. Foto: EFE/EPA/Robert Ghement
Con la "Aguja de Honor con Rubíes", el certamen salzburgués -que este año concluirá el próximo día 31- ha galardonado con anterioridad la trayectoria de figuras de la música clásica como Cecilia Bartoli, Grigory Sokolov, Riccardo Muti, Christa Ludwig, Anne-Sophie Mutter, Zubin Mehta, Mariss Jansons, Daniel Barenboim, Franz Welser-Möst, Wolfgang Rihm y András Schiff. |
Un genio presente
A los 85 años, Martha Argerich continúa mostrando su talento único al frente del piano.
A través de los 78 años de carrera como concertista, construyó un vínculo tan íntimo con el piano y los compositores que pocos pianistas lograron. Probablemente, se trate de la relación más longeva entre un intérprete y su instrumento. Mayor aún que la que mantuvo Clara Schumann, que vivió 77 años y pasó 61 tocando en diversos escenarios.
Y como Clara, tampoco tuvo una educación escolar formal, porque todo estaba centrado alrededor del piano. Su padre, Juan Manuel, la preparaba para rendir la primaria libre.
Entre sus magníficas virtudes se destacan su magnetismo, su energía volcánica, su velocidad electrizante, su sentido único del ritmo, con un swing pocas veces escuchado en la música clásica, y una sonoridad que parece de otro mundo.
Martha Argerich y el piano. Una sociedad llena de talento y alegría. Foto:EFE/EPA/Robert Ghement
En las diversas ejecuciones de su repertorio, que abarca desde Bach hasta Serguéi Prokofiev, pasando por Beethoven, Robert Schumann, Frédéric Chopin, Franz Liszt, Maurice Ravel y Serguei Rachmaninov, sus interpretaciones jamás se escuchan rutinarias, aún después de tantos años sobre los escenarios.
Con apenas 13 años, Argerich dio su primer concierto en el Teatro Colón, con la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires bajo la dirección de Washington Castro. Esa noche tocó una obra que la acompañaría el resto de su vida: el Concierto en la menor op. 54 para piano y orquesta de Schumann.
“Creo que le caigo bien a Schumann”, suele bromear Argerich.
Con información de EFE
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