Todo era de madrugada y frío cuando, cerca de las 6, una multitud comenzó a llegar a Dorrego y Figueroa Alcorta, donde a las 8 sonó la señal de largada del Medio Maratón de Buenos Aires, la prueba que se convirtió en récord absoluto por la cantidad de participantes y porque el etíope Yomif Kejelcha estableció un nuevo récord mundial al completar la distancia en 56 minutos y 50 segundos.

La marca de Kejelcha fue el pico máximo para la verdadera fiesta del running que se vivió en las calles de Buenos Aires, desde Palermo hasta el centro, con escenarios típicos porteños como el Obelisco, la avenida 9 de Julio, la Cada Rosada, los Bosques de Palermo y el Teatro Colón.

Los 5 grados de la madrugada no fueron un impedimento para los 31.193 inscriptos que tras la entrada en calor comenzaban a acomodarse en los corrales correspondientes, asignados según el tiempo de cada corredor. El frío se siente, pero la energía de quienes llegaron para correr 21 kilómetros ocupa cada rincón de la zona de largada.

“¿Familiares de corredores?”, preguntan integrantes del staff a quienes van llegando para acompañar a sus seres queridos en su pasión. Hay abrazos, fotos y mensajes de aliento hasta el último momento antes de que llegue la hora de correr. Porque el medio maratón, además de contar con una multitud de participantes, también fue una fiesta en las calles. A lo largo de todo el recorrido, con preponderancia en lugares clave como el Obelisco, también hubo miles de personas alentando a los competidores desde los costados del circuito.

La largada

A las 8, la hora señalada, suenan los nombres de las diferentes provincias que aportan participantes y también otros países. Cada mención despierta una ovación. Hay gente de las 24 provincias, y el 22% de los que largan son de 55 países de todo el mundo. La voz que sale de los parlantes acompaña los últimos minutos antes de que los corredores comiencen a avanzar. La música levanta el volumen y se viven los instantes de euforia de la salida.

Yomif Kejelcha, el recordman de los 21K de Buenos Aires. Foto: Matías Martin Campaya

Los corredores arrancan su camino de 21 kilómetros. Cada uno a su propio ritmo y con sus propios objetivos. “¡Los felicito por animarse!”, se escucha. De fondo suena “Un día perfecto”, la canción de Estelares. “Sí que es un día perfecto”, se suma Daniel Arcucci desde el palco.

El circuito empieza a llenarse de corredores. La carrera atraviesa distintos puntos de la Ciudad y convierte por unas horas a Buenos Aires en una enorme pista. Hay quienes corren para mejorar sus marcas, quienes buscan completar por primera vez los 21 kilómetros y quienes llegaron con la ilusión de disfrutar la experiencia.

Una vez que se deja atrás la música y los sonidos de largada pasa lo de siempre. Hay silencio. Solo suenan las pisadas. La marea humana, esta vez con remeras grises, corre por Figueroa Alcorta. Luego Libertador y más tarde la subida de Carlos Pellegrini. Se escuchan gritos, la multitud ruge. Kejelcha corre solo, ya de vuelta hacia la meta. Ya superó a sus liebres y desarrolla una velocidad que genera admiración y, también, un poco de envidia. Va camino al récord del mundo.

Récord y fiesta en las calles durante los 21k de Buenos Aires, que terminaron una marca histórica y 31.000 participantes. FOTO Francisco Loureiro

El récord que sorprendió a todos

Cuando Kejelcha corta la cinta violeta la gente festeja como si la victoria fuera propia, se abrazan, sonríen. Buenos Aires vuelve a demostrar por qué la pasión se vive en cada momento.

La competencia, auspiciada por Adidas y organizada por Carreras y Maratones Ñandú, está incluida en el calendario de World Athletics dentro de la categoría Label Race y con este récord se convierte en una de las cinco más importantes del mundo.

Récord y fiesta en las calles durante los 21k de Buenos Aires, que terminaron una marca histórica y 31.000 participantes. El momento del Himno Nacional y la bandera Argentina en la previa de la largada. FOTO Francisco Loureiro

La carrera, que es la antesala del maratón de septiembre, cuenta con el auspicio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y Clarín. Y con el de empresas como YPF, Ser PRO+, BPLAY, , Banco Nación, Michelob Ultra y Gatorade. También el de Emergencias Salud, GUM, Turrón Maní, Leap Motor, Néctar, IAM Seguros, Banana Tropical, ENA, Granix, , Nestlé, Prevención Salud, Centro Rossi, La Roche Posay, Playadito, Mogul y Fotorun.

“Totalmente emocionada la gente. Increíble lo que corrió, yo venía justo por la 9 de Julio cuando lo vi y la gente lo miraba sin poder creer, no paró un segundo, es una bomba", le dice a Clarín Pedro Enrique, que llegó un poco tarde para la largada pero se encontró de casualidad con Kejelcha en pleno camino a cumplir su récord mundial.

La noticia empieza a recorrer rápidamente la zona de llegada. Los que estaban esperando a otros corredores también se enteran de lo que acaba de pasar. El récord mundial conseguido en Buenos Aires se convierte en uno de los grandes momentos de la mañana.

Tan solo 4 minutos después llega Ignacio “Nacho” Erario, el mejor argentino de la clasificación, cuya victoria se festejó como propia en el medio maratón. “¡Vamos, vamos carajo!”, grita un aficionado eufórico mientras ve llegar al atleta. “Un argentino rompiendo un récord en Argentina”, dicen desde la organización con emoción en función de que bajó la barrera de los 61 minutos.

Los que esperan detrás de las vallas

La euforia no termina con el podio, porque las carreras de calle tienen tantas victorias como corredores inscriptos. Es un deporte que permite que los atletas amateurs usen el mismo circuito que los de elite. Y entonces se produce la magia de cumplir el objetivo, de debutar en la distancia, de bajar el tiempo del año anterior o simplemente sonreír, alzar los brazos y cruzar la meta. Después llegan los abrazos de amor, con parejas, hijas, hijos y padres. Es el verdadero triunfo para la gran mayoría.

Así, los corredores siguen llegando a la meta y la postal del domingo se pinta con momentos que van a quedar en la memoria de cada participante. Una nena sentada en el piso pega un sticker sobre un papel blanco en el que se puede leer: “¡Te amamos, Adri!”.

El cartel queda listo para cuando llegue su destinatario. Es pequeño, hecho a mano y alcanza para explicar por qué detrás de cada corredor hay una historia que excede los 21 kilómetros.

Cerca del arco de llegada, por ejemplo, está Mario, que espera con un ramo de flores blancas y le cuenta a Clarín que espera a su novia, con quien lleva 5 años de relación. “Ella estaba nerviosa, así que le dije que para cuando pegaba la vuelta yo la iba a estar esperando”.

Mario mira hacia el recorrido y sostiene las flores entre sus manos. La espera también forma parte de la carrera. El objetivo, en su caso, es verla aparecer por el arco y entregarle el ramo tras cruzar la meta.

Carteles, flores y medallas

Un grupo de amigos sentado en el pasto decora dos cartulinas con palabras que todavía están escribiendo. Los carteles esperan a quienes aún están corriendo y las frases se completan de a poco, con la expectativa puesta en el momento del encuentro.

La mañana avanza y la llegada continúa concentrando a familiares, amigos y corredores. Las medallas empiezan a aparecer alrededor del arco. Cada una marca el final de un recorrido que comenzó mucho antes de las 8 de la mañana, con entrenamiento, preparación y la decisión de levantarse temprano un domingo para correr.

El frío de las primeras horas ya quedó atrás. El movimiento alrededor de Figueroa Alcorta crece y las calles se convierten en el lugar donde cada corredor busca su propia llegada.

Sale el sol en Palermo, que le pone color y también algo de calor. Está la zona de los running teams, que se cuentan por decenas. Más abrazos, las fotos, los gritos de alegría entre gazebos y banderas. Está el grupo de Ferro, otro del Parque Chacabuco, Universal Running Team, los que representan gimnasios, barrios, clubes.

Cada medalla entregada representa una pasión, una historia, un objetivo. Para 30.000 participantes, completar los 21 km este domingo tenía un significado más grande que un podio o el récord mundial que hoy se celebró. Se trata de cumplir un sueño propio y vivir un domingo inolvidable con la Ciudad de Buenos Aires como escenario.

SC