El día del fin del mundo: Migración llegó a los cines con su ciencia ficción
Causa un poco de fastidio ver otra película mainstream de ciencia ficción distópica capaz de imaginar el fin de la humanidad pero no del capitalismo, el sistema que, justamente, la conduce a su fin.
El día del fin del mundo: Migración es el típico blockbuster yanqui que adorna su trama postapocalíptica con efectos especiales grandilocuentes y acción boba sin detenerse un segundo a pensar que a lo mejor es el capitalismo el que podría desaparecer antes que el mundo en el que vivimos.
La secuela de la película estrenada en 2020, nuevamente dirigida por Ric Roman Waugh, vuelve a poner en el centro del relato a la familia Garrity, con Gerard Butler como el padre e ingeniero estructural, Morena Baccarin como la esposa y Roman Griffin Davis como el hijo Nathan (en reemplazo de Roger Dale Floyd, el actor de la primera).

Pasaron cinco años desde que el cometa Clarke dejó a la mayor parte de la Tierra en estado crítico, entre tsunamis, terremotos y lluvias de fragmentos que aún siguen cayendo.
Los Garrity deben abandonar el búnker de Groenlandia y emprender un viaje extremadamente peligroso hacia Europa en busca de una “tierra prometida”, ese nuevo hogar que el cine apocalíptico estadounidense insiste en imaginar como horizonte de salvación y al que hay que llegar como sea.
En el camino se encuentran con ejércitos que controlan el paso hacia ese lugar más respirable: el cráter del Clarke, donde habría florecido un nuevo mundo.
Allí aparecen algunos inconvenientes que el director aprovecha para introducir los momentos dramáticos, reforzados por una música tan torpe como todo lo que se ve en pantalla, y para demorar la historia, que no tiene mucho más para contar.
Para colmo de males, John está muy enfermo y el detalle se subraya con una tos sobreactuada, y mientras siguen el viaje conocen a otros personajes secundarios importantes: una familia también de tres integrantes que les encarga llevar a su hija adolescente a ese lugar soñado, como si todo se tratara de ir preparando la mente del público por si algún día el mundo llegara a una situación similar y no supiéramos qué hacer.
El mensaje del filme es claro: a pesar de las adversidades, hay que proteger a la familia tradicional blanca y luchar por su supervivencia como si estuviera sola contra el mundo, atravesando el apocalipsis hacia un “mundo nuevo” donde la vida resurge purificada.
Es decir, es el viejo sueño neoliberal del colapso como oportunidad de reinicio para los mismos de siempre.
Lo único bueno es que, si bien el cine estadounidense no piensa el fin del capitalismo, al menos es pragmático, resolutivo, se las ingenia como sea para sortear los obstáculos con efectividad y decisión, como lo hacen los héroes masculinos de este tipo de producciones, personajes que le hacen frente al peor de los apocalipsis con tal de que ese esfuerzo luego sea recompensado con una vida mejor, siempre dentro del sistema, claro, al que nunca se toca ni se pone en cuestión.
Waugh incluso se permite que la película tenga los habituales puntos muertos, en los que los personajes, a pesar de estar viviendo lo peor, reflexionan con calma sobre el futuro o sobre la vida. Pero no importa, porque ya sabemos que va a ser otro drama esperanzador en clave de ciencia ficción catastrofista de supervivencia, repleto de trazos gruesos y situaciones predecibles.
Y así salimos del cine, preguntándonos cuándo van a hacer una película que imagine el fin del capitalismo en vez del fin del mundo en el que vivimos.
Para ver El día del fin del mundo: Migración
Greenland 2: Migration, Estados Unidos / Reino Unido, 2026. Drama, Acción, Aventuras. Dirección: Ric Roman Waugh. Guion: Mitchell LaFortune y Chris Sparling. Elenco: Gerard Butler, Morena Baccarin, Roman Griffin Davis, Amber Rose Revah, Sophie Thompson, Trond Fausa Aurvåg, Nelia Valery, William Abadie y Raoul Denez. Fotografía: Martin Ahlgren. Música: David Buckley. Duración: 98 minutos. Apta para mayores de 13 años. En cines.
Causa un poco de fastidio ver otra película mainstream de ciencia ficción distópica capaz de imaginar el fin de la humanidad pero no del capitalismo, el sistema que, justamente, la conduce a su fin. El día del fin del mundo: Migración es el típico blockbuster yanqui que adorna su trama postapocalíptica con efectos especiales grandilocuentes y acción boba sin detenerse un segundo a pensar que a lo mejor es el capitalismo el que podría desaparecer antes que el mundo en el que vivimos.La secuela de la película estrenada en 2020, nuevamente dirigida por Ric Roman Waugh, vuelve a poner en el centro del relato a la familia Garrity, con Gerard Butler como el padre e ingeniero estructural, Morena Baccarin como la esposa y Roman Griffin Davis como el hijo Nathan (en reemplazo de Roger Dale Floyd, el actor de la primera).Pasaron cinco años desde que el cometa Clarke dejó a la mayor parte de la Tierra en estado crítico, entre tsunamis, terremotos y lluvias de fragmentos que aún siguen cayendo. Los Garrity deben abandonar el búnker de Groenlandia y emprender un viaje extremadamente peligroso hacia Europa en busca de una “tierra prometida”, ese nuevo hogar que el cine apocalíptico estadounidense insiste en imaginar como horizonte de salvación y al que hay que llegar como sea.En el camino se encuentran con ejércitos que controlan el paso hacia ese lugar más respirable: el cráter del Clarke, donde habría florecido un nuevo mundo. Allí aparecen algunos inconvenientes que el director aprovecha para introducir los momentos dramáticos, reforzados por una música tan torpe como todo lo que se ve en pantalla, y para demorar la historia, que no tiene mucho más para contar.Para colmo de males, John está muy enfermo y el detalle se subraya con una tos sobreactuada, y mientras siguen el viaje conocen a otros personajes secundarios importantes: una familia también de tres integrantes que les encarga llevar a su hija adolescente a ese lugar soñado, como si todo se tratara de ir preparando la mente del público por si algún día el mundo llegara a una situación similar y no supiéramos qué hacer.El mensaje del filme es claro: a pesar de las adversidades, hay que proteger a la familia tradicional blanca y luchar por su supervivencia como si estuviera sola contra el mundo, atravesando el apocalipsis hacia un “mundo nuevo” donde la vida resurge purificada. Es decir, es el viejo sueño neoliberal del colapso como oportunidad de reinicio para los mismos de siempre.Lo único bueno es que, si bien el cine estadounidense no piensa el fin del capitalismo, al menos es pragmático, resolutivo, se las ingenia como sea para sortear los obstáculos con efectividad y decisión, como lo hacen los héroes masculinos de este tipo de producciones, personajes que le hacen frente al peor de los apocalipsis con tal de que ese esfuerzo luego sea recompensado con una vida mejor, siempre dentro del sistema, claro, al que nunca se toca ni se pone en cuestión.Waugh incluso se permite que la película tenga los habituales puntos muertos, en los que los personajes, a pesar de estar viviendo lo peor, reflexionan con calma sobre el futuro o sobre la vida. Pero no importa, porque ya sabemos que va a ser otro drama esperanzador en clave de ciencia ficción catastrofista de supervivencia, repleto de trazos gruesos y situaciones predecibles. Y así salimos del cine, preguntándonos cuándo van a hacer una película que imagine el fin del capitalismo en vez del fin del mundo en el que vivimos.Para ver El día del fin del mundo: Migración Greenland 2: Migration, Estados Unidos / Reino Unido, 2026. Drama, Acción, Aventuras. Dirección: Ric Roman Waugh. Guion: Mitchell LaFortune y Chris Sparling. Elenco: Gerard Butler, Morena Baccarin, Roman Griffin Davis, Amber Rose Revah, Sophie Thompson, Trond Fausa Aurvåg, Nelia Valery, William Abadie y Raoul Denez. Fotografía: Martin Ahlgren. Música: David Buckley. Duración: 98 minutos. Apta para mayores de 13 años. En cines. La Voz
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