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Reseña del libro El país donde florece el limonero: un viaje al paraíso cítrico

El aroma de un limón nos puede traer a la memoria una tarde de primavera al borde del río jugando con primos y la abuela trayendo una fresca limonada salpicada con hojas de menta en una jarra de vidrio moteada con gotitas de sudor.

El poder evocador de la comida es tan trascendente como misterioso.

Un alimento tan común en nuestro consumo cotidiano como lo son los cítricos, tienen por detrás una historia tan voluptuosa como asombrosa.

Helena Attlee es una especialista en jardines y en una de sus visitas a Italia reparó en la constante presencia de cítricos y comprendió que el perfumado y sabroso mundo de los cítricos escondía impensados secretos.

La lógica botánica deja su lugar a la curiosidad sociológica y al placer itinerante y nos ofrece en este libro un movilizador peregrinaje por los avatares históricos y sociales de Italia a través de los cítricos.

Si hay algo que caracteriza a los cítricos es la cualidad de aceptar y agradecer los injertos, las podas y las polinizaciones cruzadas que dan lugar a nuevas variedades en ambientes diferentes.

Originarios del norte de China (la mandarina), de las laderas del Himalaya (la cidra) y de Malasia (el pomelo), viajes, intereses comerciales, el afán coleccionista de los príncipes renacentistas, la casualidad y el interés humano por saborear algo diferente, hicieron que los cítricos tengan hoy miles de formas, sabores, aromas y aplicaciones diferentes, desde la alta perfumería a la medicina.

El viaje de los cítricos va desde la felicidad de sus aromas que dieron origen al eau de cologne, a la oscura historia del surgimiento de la mafia que nació y se perfeccionó en Sicilia con el comercio de naranjas.

Desde la importancia para judíos del siglo II, a la batalla de las naranjas en Ivrea que señala el fin del carnaval y es una reminiscencia de una revolución antifeudal en la Edad Media. Rituales, guerras, modos de vida, duro trabajo humano, creatividad botánica, estética arquitectónica, mafias y príncipes enamorados.

Hay una especie de condensada melancolía en el relato: tiempos pasados perdidos, costumbres abandonadas, tradiciones que se disuelven en el tiempo.

También una amargura errática no sólo por las plantas sino por las generaciones de personas que han cultivado y cuidado los cítricos que en muchos casos van desapareciendo por la industrialización y quedan en manos de unos pocos románticos, como la rara “bizarría”.

Cada página invita a comer y a pensar, emocionándose con el trabajo conjunto de naturaleza y hombre para brindar un abanico cautivante de variedades que recorren el tiempo, las religiones, geografías, deseos y caprichos de hombres y mujeres embelesados por estas frutas.

Para leer El país donde florece el limonero

Por Helena Attlee

Acantilado

316 páginas

​El aroma de un limón nos puede traer a la memoria una tarde de primavera al borde del río jugando con primos y la abuela trayendo una fresca limonada salpicada con hojas de menta en una jarra de vidrio moteada con gotitas de sudor. El poder evocador de la comida es tan trascendente como misterioso. Un alimento tan común en nuestro consumo cotidiano como lo son los cítricos, tienen por detrás una historia tan voluptuosa como asombrosa. Helena Attlee es una especialista en jardines y en una de sus visitas a Italia reparó en la constante presencia de cítricos y comprendió que el perfumado y sabroso mundo de los cítricos escondía impensados secretos. La lógica botánica deja su lugar a la curiosidad sociológica y al placer itinerante y nos ofrece en este libro un movilizador peregrinaje por los avatares históricos y sociales de Italia a través de los cítricos. Si hay algo que caracteriza a los cítricos es la cualidad de aceptar y agradecer los injertos, las podas y las polinizaciones cruzadas que dan lugar a nuevas variedades en ambientes diferentes. Originarios del norte de China (la mandarina), de las laderas del Himalaya (la cidra) y de Malasia (el pomelo), viajes, intereses comerciales, el afán coleccionista de los príncipes renacentistas, la casualidad y el interés humano por saborear algo diferente, hicieron que los cítricos tengan hoy miles de formas, sabores, aromas y aplicaciones diferentes, desde la alta perfumería a la medicina. El viaje de los cítricos va desde la felicidad de sus aromas que dieron origen al eau de cologne, a la oscura historia del surgimiento de la mafia que nació y se perfeccionó en Sicilia con el comercio de naranjas. Desde la importancia para judíos del siglo II, a la batalla de las naranjas en Ivrea que señala el fin del carnaval y es una reminiscencia de una revolución antifeudal en la Edad Media. Rituales, guerras, modos de vida, duro trabajo humano, creatividad botánica, estética arquitectónica, mafias y príncipes enamorados. Hay una especie de condensada melancolía en el relato: tiempos pasados perdidos, costumbres abandonadas, tradiciones que se disuelven en el tiempo. También una amargura errática no sólo por las plantas sino por las generaciones de personas que han cultivado y cuidado los cítricos que en muchos casos van desapareciendo por la industrialización y quedan en manos de unos pocos románticos, como la rara “bizarría”. Cada página invita a comer y a pensar, emocionándose con el trabajo conjunto de naturaleza y hombre para brindar un abanico cautivante de variedades que recorren el tiempo, las religiones, geografías, deseos y caprichos de hombres y mujeres embelesados por estas frutas. Para leer El país donde florece el limoneroPor Helena Attlee Acantilado316 páginas  La Voz

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